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La elección de Trump abre un amplio abanico de interrogantes sobre el futuro de Estados Unidos y, por consiguiente, del mundo, tanto por su indefinición como por su carácter contradictorio, pero también deja la certeza de que entramos en un nuevo marco de relaciones internacionales y de funcionamiento económico. De entrada, ya ha dicho que no pagaría las cuotas a la OTAN si el resto de países no aumentan sus contribuciones, lo que dejaría herida de muerte a esta pieza clave de las relaciones entre Europa y Estados Unidos, y desde el viejo continente o desde China se ve con recelo la amistad Trump-Putin y su coincidencia de posturas en la guerra de Siria. Todo apunta que bajo el mandato de Trump, que aplaudió con entusiasmo el triunfo del Brexit, Europa dejará de ser el socio preferente de Estados Unidos y que el proteccionismo será su bandera económica. En consecuencia, el tratado de libre comercio, TTIP, que lleva tiempo negociándose y ha unido en sus críticas a la izquierda y la extrema derecha europea, parece muerto y enterrado, según admiten abiertamente en Bruselas, porque Trump está radicalmente en contra y ni siquiera parece posible que se reanuden las negociaciones. La consecuencia inmediata será que las exportaciones españolas, y leridanas, lo tendrán aún más complicado para entrar en Estados Unidos y además tendrán que pagar aranceles. En el caso de Lleida, las exportaciones representan 47,2 millones de euros anuales, de las que la mayor parte, 35, corresponden al aceite, con muy baja producción en Estados Unidos y son las empresas agroalimentarias las que pueden verse más perjudicadas por la nueva política de Trump. Mejor les puede ir a las empresas constructoras, que pueden ampliar mercado si el nuevo presidente cumple su promesa de aumentar las inversiones públicas en infraestructuras y los expertos cifran en 3,6 billones el coste de las obras necesarias hasta 2020, pero el problema es cómo se financiará este plan de infraestructuras si el mismo Trump se ha comprometido a rebajar los impuestos, reduciendo el impuesto sobre la renta y el de sociedades y suprimiendo el de sucesiones. Difícil cuadratura del círculo la de aumentar la inversión pública rebajando impuestos sobre la que Trump, fiel a su estilo populista, no ha aclarado nada. Lo que sí está claro es que entramos en un nuevo orden económico y un marco de relaciones completamente diferente.

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