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Excursionistas bañándose en uno de los lagos alpinos de la montaña de la Pica d’Estat, en Âreu, práctica que está prohibida.

Excursionistas bañándose en uno de los lagos alpinos de la montaña de la Pica d’Estat, en Âreu, práctica que está prohibida.SEGRE

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Hay quienes se toman muy a pecho lo de lavar los trapos sucios en casa y lo barren todo bajo la alfombra para que nadie vea ni las migas. No es el caso del Parc Natural del Alt Pirineu. El organismo hizo público ayer a través de Twitter que parajes como la Pica d’Estats, los accesos a la estación de Sant Joan de l’Erm o el Port de Sotllo, hábitat de la sargantana pallaresa, una especie protegida y en peligro de extinción, están masificados. El vídeo de la larga cola de excursionistas aguardando turno para fotografiarse junto a la cruz que corona los 3.143 metros de la montaña más alta de Catalunya daba cuenta de ello. Que este verano el Pirineo haya atraído a los turistas que han decidido no viajar lejos por la pandemia o a los que han huido de las aglomeraciones de la playa y las grandes ciudades es una gran noticia para la economía de las comarcas de montaña, pero la calidad siempre es más importante que la cantidad y ante la posibilidad de morir de éxito, el toque de alerta del Parc Natural es un acto de valentía. Que en los estanques alpinos, donde el baño está prohibido para no alterar su frágil ecosistema con restos de crema solar o repelente de insectos, se vea más gente en el agua que en algunas piscinas de ciudad ha empujado al Alt Pirineu a tomar la decisión de regular los accesos de acuerdo con Àreu, ente local propietario de estos terrenos comunales, así como con el ayuntamiento de Alins. A falta de concretarse las medidas que se adoptarán, es de agradecer que se siga la máxima de prevenir antes de curar. Los turistas son bienvenidos, pero para que vuelvan hay que poder darles lo que han venido a buscar: naturaleza en estado puro.

Todos preparados Hoy es un día marcado en la agenda de miles de hogares: retorno a las aulas después de seis meses y un día. Con los centros escolares adaptados a la nueva normalidad que impone el coronavirus, empieza un curso escolar atípico en el que profesores, padres y alumnos tendrán que poner mucho de su parte para que todo funcione.

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