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EDITORIAL

La interacción requiere inmunización

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La dura realidad de las cifras se ha impuesto y las autoridades sanitarias ya han tenido que admitir que habrá restricciones durante todo el verano porque los contagios han vuelto a los niveles de abril y empiezan a saturarse los hospitales que, en el caso de Lleida, se ven obligados a habilitar nuevas alas y a desprogramar operaciones. Estamos pagando la falta de previsión de la semana de Sant Joan, la ligereza con que se dio por enterrado el virus y lo único que nos salva de volver a los peores momentos es el buen ritmo de vacunación, pero ya nos han anunciado que se mantendrá el toque de queda y las limitaciones a la interacción social durarán todo el verano. Y a tenor de lo que está sucediendo en otros países, como Francia o Italia, aún tendrán que tomarse más medidas para controlar la interacción social de forma que se limite el acceso a espectáculos, actos culturales, conciertos o incluso ceremonias como bodas a las personas que puedan aportar su certificado de vacunación con la pauta completa o, si no lo tienen, de una prueba PCR que muestre que no están contaminados.

En Italia y Francia ya han implantado esta medida incluso para poder viajar o para acceder a museos o gimnasios y otros espacios públicos como bares y restaurantes. También en España algunas autonomías supeditan el aforo de eventos o ceremonias a la presentación del correspondiente certificado de vacunación y aunque la medida ha sido criticada por algunos sectores, responde a criterios de seguridad sanitaria y también de equidad, porque de la misma forma que ya era obligatorio vacunarse para viajar a determinados países, también se puede exigir en aras al control de la pandemia que quien asista a un acto público esté inmunizado y no represente ningún peligro para quienes también acudan al evento. No se obliga a nadie a vacunarse, pero si se quiere mantener la interacción social habrá que demostrar que no representa ningún riesgo para la salud colectiva y de esta forma se podrá recuperar interacción social con seguridad.Los Juegos del silencioCon un año de retraso, sin público en los estadios, con miedo al contagio y hasta con la oposición de la población japonesa según las encuestas, se han inaugurado en Tokio los Juegos Olímpicos más fantasmagóricos de la historia.

Se ha trasladado al deporte el axioma de que “el show debe continuar” pase lo que pase porque hay mucho dinero en juego con un proyecto presupuestado en 13.430 millones de euros y unas pérdidas que antes de empezar ya se estiman en 800 millones y que tendrá que asumir Japón. Quienes salen ganando es el COI, que se garantiza un cobro de 3.000 millones de dólares, y las televisiones, que esperan ganar audiencia..

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