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EDITORIAL

La sanidad pública debe ser aún más prioritaria

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Diferentes colectivos sanitarios llevan meses reclamando que una vez finalice la pandemia es necesario mantener el presupuesto y los medios humanos extra que se ha destinado a combatirla. Los hechos les dan la razón, porque los casi dos años de Covid han hecho saltar muchas costuras del sistema sanitario público, cuyo vestido ya tenía anteriormente numerosos descosidos. El aumento de las listas de espera evidencia esta situación.

Tal como publicamos en nuestra edición de hoy, los leridanos que al cierre del pasado año estaban esperando una visita al especialista, una prueba diagnóstica o una operación eran un 40% más que a finales de 2020. Suele ponerse siempre el acento en la demora para las intervenciones quirúrgicas, pero la que hay para consultas y pruebas ha crecido más, por lo que la gran mayoría de los pacientes afectados todavía no tienen un diagnóstico preciso de su patología. Otro ámbito del sistema que está viendo desbordada su capacidad es el de la salud mental, ya que la pandemia ha provocado un sustancial incremento de los pacientes que sufren alguna patología de este tipo.

Mientras, la Atención Primaria también lleva tiempo desbordada y debido a los casos de Covid ha tenido que dejar en segundo plano actuaciones que son básicas para la salud pública y para evitar la agudización de enfermedades, como el seguimiento a enfermos crónicos y el control periódico del conjunto de los pacientes. Como hemos señalado, los servicios de salud mental ya están afrontando una mayor afluencia de visitas, tanto ordinarias como urgentes, pero todavía está por ver los efectos que la pandemia tendrá en otros tipos de enfermedades. Un ejemplo son los cánceres que se han dejado de diagnosticar de forma precoz durante los dos últimos años, como han alertado tanto las entidades que representan a los enfermos como los propios médicos.

Y esto sucederá con muchas otras patologías cuyo abordaje será más complicado porque se habrán detectado en una fase más avanzada. Por eso resulta ineludible no solo mantener los recursos de la sanidad pública, sino intentar reforzarlos, porque su deterioro comporta una desigualdad creciente en el derecho de todos los ciudadanos a recibir una buena atención sanitaria. La mejor prueba de que esta debe ser una actuación prioritaria es que el número de personas que recurren a la sanidad privada va al alza desde hace años, y ni tan siquiera la gran crisis que estalló a finales de 2007 y la que han generado ahora las restricciones por la pandemia han logrado parar o atenuar esta tendencia.

Puede alegarse que la sanidad privada está muy arraigada en Catalunya, pero sin duda, una de las principales razones de este fenómeno es que la ciudadanía percibe que la demora para ser atendido en la pública es cada vez mayor.

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