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El Juzgado de lo Penal 2 de Lleida ha celebrado esta semana un juicio contra una doctora del hospital Arnau de Vilanova a la que un paciente testigo de Jehová denunció por hacerle una transfusión de sangre, según él, sin su consentimiento. La acusación particular solicita que se le impongan 15 meses de prisión además de una inhabilitación profesional durante dos años, mientras que tanto la Fiscalía como la defensa de la doctora piden la absolución al considerar que actuó correctamente para salvarle la vida. Este caso ha reabierto el debate sobre la necesidad de hacer testamento vital, de dejar escrito cómo se quiere ser tratado en el final de la vida. Todavía es minoritario el porcentaje de población que registra un documento de voluntades anticipadas, menos del 2%, pero la tendencia es al alza. Solo durante 2023 se registraron 579 firmas de testamentos vitales en las comarcas de Lleida, un 50% más que el año anterior. En parte, por una mayor concienciación, pero también gracias a la entrada en vigor de la ley de la eutanasia. Desde 2002, un total de 4.493 leridanos han dejado por escrito qué tratamientos médicos quieren o no recibir en caso de estar incapacitados en ese momento. Un 63% de los firmantes son mujeres y un 37% hombres. Se trata de un dato significativo, dado que ellas casi siempre son las cuidadoras y, por tanto, las que han vivido más de cerca el final de sus familiares, lo que las hace estar más sensibilizadas ante esta problemática. Por edad, la franja que se sitúa entre los 60 y los 80 años es la que más testamentos vitales ha formalizado. Casos como el del testigo de Jehová que denuncia a la doctora que le salvó la vida pueden parecer anecdóticos, pero en una sociedad cada vez más envejecida es importante que se escuche nuestra voz mientras estamos en plenas facultades. Cargar a los hijos o la pareja con decisiones médicas de gran trascendencia no es lo más adecuado. La tranquilidad de haber dejado por escrito cómo queremos ser tratados es una herencia inmaterial pero muy altruista.

Se descarta el trasvase 

No habrá trasvase para conectar la cuenca del Ebro con el sistema Aigües Ter-Llobregat. Así lo aseguró ayer el president de la Generalitat, Pere Aragonès. Se impone el sentido común a la presión mediática porque la cuenca del Ebro, aunque ahora no esté en emergencia, también se ha visto afectada por la severa sequía de estos últimos dos años. De hecho, la pasada primavera y por primera vez en 162 años de historia el Canal d’Urgell tuvo que cerrar. Si los incendios forestales se apagan en invierno limpiando el bosque, la sequía debería solucionarse cuando los pantanos estén llenos construyendo plantas desalinizadoras

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