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La batalla gallega se ha complicado para el PP. La mayoría absoluta de los populares, que parecía inabordable hace un mes, está en el aire a seis días de las elecciones autonómicas del próximo domingo 18 de febrero, según varias encuestas. La candidatura que encabeza el actual presidente, Alfonso Rueda, sigue siendo la favorita pero muestra una tendencia a la baja tras consumirse la primera mitad de la campaña, por lo que un puñado de votos podría privarlo de la hegemonía que mantiene desde hace 15 años en Galicia. Enfrente se confirma la extraordinaria subida del BNG, asentada en la alta valoración de su líder, Ana Pontón, que amenaza con arrinconar al PSdeG-PSOE. La polémica de las últimas 48 horas sobre el indulto a Carles Puigdemont se le está atragantando al líder del partido, Alberto Núñez Feijóo, tras la información publicada este domingo por diferentes medios de comunicación, en la que fuentes populares abrían la puerta a un indulto condicionado a Carles Puigdemont y veían muy complicado relacionar al expresidente catalán con el terrorismo. Además, el propio Feijóo reconoce que estudió las condiciones de Junts para apoyar la investidura. Difícil papeleta la del líder popular, que por una parte asegura que no es presidente del gobierno español porque no quiso contar con el independentismo y, por la otra, reconoce la existencia de algo más que palabras en esta hipotética propuesta a Junts, partido que amenaza con hacer público el contenido de las negociaciones. Lo más sensato que podría hacer el PP, una vez los gallegos hayan decidido con su voto el nuevo gobierno autonómico, es dejar de ir a remolque de la extrema derecha y volver a la senda del sentido común. El PP no debe negar la violencia de género, ni apoyar soflamas racistas, ni enfrentar territorios, ni siquiera intentar capitalizar contra Pedro Sánchez el asesinato de dos guardias civiles por el narcotráfico. Los populares harían bien en imitar a sus homólogos europeos y contribuir a que el estado español deje atrás las policías patrióticas, la corrupción y el nepotismo judicial para entrar de verdad en el siglo XXI. Tienen votos suficientes para hacerlo sin miedo a Vox. Agricultura familiarEn el pulso que mantienen los agricultores de Lleida con las administraciones para asegurar su pervivencia en el tejido económico del mundo rural, está en juego también el futuro inmediato del sector primario. Si payeses de fruta, cereales, forrajes o vid, y titulares de explotaciones de vacas, cerdos, conejos, corderos, etc., no sobreviven a los cambios estructurales e hídricos, el campo perderá la agricultura familiar en pro de los grandes productores que acapararán toda la producción y distribución

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