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Al menos 9 muertos y 14 heridos era hasta ayer el trágico balance hecho público por la delegación del Gobierno, veinticuatro horas después de que se declarara un pavoroso incendio que devoró literalmente un gran bloque de 14 plantas con 138 viviendas en las que residían unas 450 personas en el barrio del Campanar de Valencia y que también afectó a otro inmueble contiguo de diez plantas. Todo el edificio quedó envuelto en llamas tan solo unos minutos después del inicio del fuego en un piso de la séptima planta, lo que motivó que muchas personas quedaran atrapadas en su interior, mientras que otras que salieron a los balcones fueron rescatadas in extremis por los bomberos, cuyo generoso esfuerzo evitó que la magnitud del desastre fuera todavía mayor. La rapidez con que se propagaron las llamas y su virulencia, reventando las ventanas y entrando en el interior del bloque casi de forma instantánea, se explica, de acuerdo con las primeras hipótesis, por dos motivos principales: que la fachada es ventilada, por lo que contaba con una cámara de aire, y que en su construcción se utilizaron materiales altamente inflamables. Por lo que respecta a este segundo punto, Esther Puchades, vicepresidenta del Colegio de Ingenieros Técnicos Industriales de Valencia, que fue la responsable del peritaje de la finca durante su construcción entre 2006 y 2009, afirmó inicialmente que la fachada contenía poliuretano, material altamente combustible, pero ayer precisó que se trataría de componentes plásticos, también con el mismo efecto. En todo caso, la combinación de los materiales inflamables, la cámara de aire y el viento seco de poniente que soplaba con fuerza favorecieron que el incendio fuera devastador. Habrá que esperar a que esté lista la investigación abierta por un juzgado para conocer exactamente las causas que provocaron esta gran tragedia. Pero mientras tanto, sería bueno proceder a una revisión del actual parque de viviendas para detectar construcciones que puedan tener características similares y tomar medidas que permitan prevenir catástrofes como esta. El calendario escolarEl departamento de Educación ha decidido finalmente fijar el inicio del próximo curso para el 9 de septiembre, rectificando a medias el adelanto aplicado en los dos últimos. Los alumnos de educación obligatoria comenzaron el actual el 6 de septiembre, y el anterior, el día 5 en Infantil y Primaria y el 7 en la ESO. La nueva fecha tampoco gusta a los sindicatos, que siguen insistiendo en volver al 12, mientras que los padres querían que fuera antes. Ante esta tesitura, Educación y los representantes de toda la comunidad educativa deberían sentarse y consensuar de una vez el calendario escolar.

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