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El año que acaba de comenzar será trascendente a nivel político, especialmente en el ámbito estatal e internacional. En el primero, habrá que ver hasta dónde llega la capacidad de resiliencia de Pedro Sánchez ante la falta de apoyos en el Congreso y las investigaciones por casos de corrupción que afectan a José Luis Ábalos y Santos Cerdán, que habían sido dos de sus principales personas de confianza en el PSOE, además de por la actuación de determinadas instancias judiciales en asuntos como las reiteradas trabas del Tribunal Supremo en la aplicación de la ley de Amnistía, o por sentencias o actuaciones polémicas como la condena al anterior Fiscal General del Estado o las diligencias del juez Peinado contra la esposa del presidente. También habrá que ver si en los próximos comicios autonómicos de Aragón y Castilla y León los socialistas son capaces de dar la sorpresa o como mínimo aguantar, o bien sufren un desplome parecido al de Extremadura, con las consecuencias que ello podría tener a nivel interno. A parte de resistir, Sánchez necesita recuperar la iniciativa política si quiere tener opciones de evitar que PP y Vox sumen la mayoría absoluta en las elecciones generales, tanto si se celebran cuando se agote la legislatura en 2027 como si las adelanta. Todo ello en un contexto de avance de la ultraderecha en Catalunya, España y todo el mundo. Precisamente, una de las citas electorales más relevantes para comprobar si esta tendencia se mantiene o empieza a revertir será la que se celebrará en noviembre en Estados Unidos, cuando se pondrán en juego los 435 escaños de la Cámara de Representantes y un tercio de los 100 del Senado. Donald Trump se ha convertido en el faro de los ultras desde que volvió a la presidencia el pasado enero. En este tiempo, ha desplegado al ejército en varias ciudades gobernadas por los demócratas, ha efectuado redadas y deportaciones de migrantes sin respetar los derechos básicos, utiliza el departamento de Justicia con finalidades personales, ha ordenado operaciones militares de ejecución de supuestos narcotraficantes en aguas internacionales e incluso sugiere que puede presentarse a un tercer mandato, algo que prohíbe la Constitución. Con el Tribunal Supremo en manos de ultraconservadores, si los republicanos reeditan su actual mayoría en ambas cámaras, Trump tendrá las manos libres para seguir en esta línea y quién sabe si convertir la histórica democracia de EE.UU. en una autocracia. En cambio, perderla sería un duro golpe para él, no solo a nivel interno, sino también internacional. La historia nos enseña que el auge de la ultraderecha siempre ha acabado comportando más sufrimiento para la gran mayoría de los ciudadanos. Esperemos que 2026 sea el año en que se produzca un primer punto de inflexión en la actual tendencia y sea la primera piedra para construir un mundo con menos desigualdades.

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