Migrantes que son básicos para nuestra economía
Las personas de origen migrante representan ya casi uno de cada cuatro afiliados a la Seguridad Social en Lleida y se han convertido en claves para muchos sectores productivos, entre los que abundan los que son básicos para el día a día de toda la población. Son la mano de obra mayoritaria en mataderos y plantas de elaboración de productos cárnicos, en numerosas empresas de la construcción, en el campo, en los servicios de limpieza urbana, en muchos establecimientos hosteleros o en los geriátricos. Suelen ocupar empleos que figuran en la banda baja salarial, pero cada vez hay más que trabajan en otros de mayor poder adquisitivo. Ejemplos de ello son las decenas de médicos que han llegado a los centros sanitarios, ingenieros contratados por firmas locales o que dos de los investigadores de la UdL más valorados a nivel internacional en los últimos años son un chipriota, Paul Christou, y un argentino, Gustavo Slafer. La ultraderecha difunde con un notable éxito el mensaje de que un gran número de migrantes vienen a delinquir o a aprovecharse de las subvenciones. Claro que hay algunos que lo hacen, pero igual que otras personas que son de origen catalán o español. El pasado día 3 publicamos un artículo de un profesor del Institut de Seguretat Pública de Catalunya que mostraba, aportando datos fehacientes, que vincular inmigración con delincuencia constituye “una auténtica falacia”. El problema es que muchos ciudadanos se dejan llevar por lo que leen en las redes sociales, sin entrar en un análisis más detallado. A los que vienen de fuera, lo que hay que exigirles es que cumplan las normas de convivencia de las que nos hemos dotado. Como cualquier otra persona, si cometen delitos graves deben estar en prisión, y ser expulsados en caso de que así lo determine su condena. También deben tener claro que atentar contra la igualdad entre hombres y mujeres, forzar matrimonios o someter a sus hijas a ablaciones genitales son actos incompatibles con nuestra sociedad, y que intentar aprender la lengua propia del país es una de las mejores vías para la cohesión social. Otro supuesto argumento que esgrimen los que defienden que hay que echar de inmediato a todos los sin papeles es que la afluencia de migrantes ha colapsado los servicios públicos. Olvidan que sin el volumen de trabajadores foráneos que cotizan en la Seguridad Social, buena parte de los cuales llegaron en su día de forma irregular, con toda probabilidad el actual sistema de pensiones ya sería inviable. Ni Catalunya ni España ni ningún país occidental pueden asumir un flujo ilimitado de migrantes, pero lo cierto es que este se adapta en gran medida a la coyuntura económica. Aquí fue muy alto en pleno boom económico, pero cayó a niveles mínimos e incluso hubo personas que volvieron a sus países de origen durante la crisis, y ha vuelto a repuntar con fuerza en el último lustro.