Madrid se va
El primero que supo verlo fue Pasqual Maragall, quien publicó en 2001 un artículo que llevaba el titular de este editorial. Aznar acababa de empezar su gobierno con mayoría absoluta (y recibía pagos de viajes del pedófilo Epstein, según supimos el pasado viernes) y Maragall advirtió que el proyecto del líder popular pasaba por construir un Madrid DF completamente autónomo que absorbiera demográficamente, políticamente y económicamente todo lo que tenía a su alrededor. Aquel proyecto, ideado por Miguel Ángel Rodríguez, entonces asesor de Aznar, lo está completando un cuarto de siglo después Isabel Díaz Ayuso, significativamente asesorada por el mismo Rodríguez que acaba de cargarse al exfiscal general con una mentira que ha servido a los magistrados del Tribunal Supremo para dictar por primera vez una condena en la que no identifican sin ninguna duda al delincuente, ya que dicen que el delito lo cometió el condenado “o su entorno”: ¡como si el derecho penal pudiera juzgar entornos! “Quien pueda hacer, que haga”, dijo Aznar; y quien puede hacer, hace. Desde que Maragall publicó su artículo hace 25 años, solo Catalunya ha mantenido su incidencia económica, con un 18% del PIB. El resto es un desierto. Políticamente todo eso se ha traducido en una derecha extrema que se parece mucho a la extrema derecha. España parece una excepción en una Europa en la que la extrema derecha ya es el primer o el segundo partido en muchos países (Alemania, Francia, Italia, Austria, Bélgica, Rumanía...), pero se trata de un espejismo porque ese papel, más allá de Vox, lo juega el PP de Madrid DF, que ha concentrado las inversiones en infraestructuras de los últimos 25 años, y eso es responsabilidad del PP y del PSOE, incluso más de los socialistas porque han gobernado más años. La semana catastrófica en Rodalies es una metáfora de lo que ha comportado que Madrid se haya ido. ¿Por qué Rodalies de Lleida ha perdido usuarios y la línea de La Pobla ha pasado de 70.000 a 500.000 desde que la asumió la Generalitat? ¿Por qué en Madrid se ejecuta un 110% de lo presupuestado en infraestructuras ferroviarias y en Catalunya, entre un 30 y un 40, y eso tanto con el PP como con el PSOE? ¿Por qué Cercanías de Madrid funciona hasta el punto de ganar 15 millones de usuarios en 15 años y Rodalies de Barcelona es un desastre hasta el punto de perder 10 millones en esos mismos años? ¿Por qué hay AVE entre Madrid y todas las capitales de provincia y no lo hay entre Barcelona y València pese a ser la segunda y la tercera ciudades españolas? ¿Por qué se ha privilegiado con las infraestructuras el concepto de Madrid DF y se ha boicoteado la relación de dos comunidades con vínculos culturales y lingüísticos como son Catalunya y València? Todas estas preguntas tienen la misma respuesta: porque la política de transportes, en España, desde hace décadas, es pura ideología.