Alto, guapo y en el lado correcto de la historia
Después de la Revolución Industrial se decía que no habría más guerras en Europa porque eran cosa de los estados burgueses, y si una nación la declaraba a otra los obreros de ambos países se negarían a tomar las armas. Comenzó la carnicería de la Gran Guerra y allá se fueron los obreros de Francia y los de Alemania, que antes que obreros eran franceses y alemanes y debían dar su vida por la patria y arrebatársela antes a todo el que pudieran. Existe un poema de Rudyard Kipling que se titula Epitafio de guerra y contiene estos dos únicos versos: “Si alguien os pregunta por qué hemos muerto, / decidle: porque nuestros padres mintieron.” Un hijo de Kipling murió en la Gran Guerra. La historia demuestra que así funcionan las cosas cuando no se está atento a las derivas mentirosas de ciertas narrativas criminales de los que ejercen el poder al margen de la más mínima moralidad. Claudicar o mirar hacia otro lado ante los abusos de los oligarcas es un comportamiento que carece de toda decencia. Todo lo contrario a esta actitud está exhibiendo Pedro Sánchez al plantar cara a las impresentables amenazas de Donald Trump mientras el resto de líderes europeos reaccionan con ruin papanatismo para que no se enfade el matón de la clase. “Recordemos cómo al declararse el inicio de la Primera Guerra Mundial”, dijo ayer Pedro Sánchez en su discurso, “alguien preguntó al entonces canciller de Alemania cómo había empezado el conflicto y él respondió encogiéndose de hombros y diciendo textualmente: “Ojalá lo supiera.” Así es. Ese desconocimiento equivale a mentir a los hijos que se matarán en las trincheras, ya que comporta mirar hacia otro lado mientras el oligarca de turno perpetra sus abusos al margen de toda legalidad internacional y aplicando la ley de la selva en la que solo manda el más fuerte, es decir: él. Bush intentó convencer a la ONU para que autorizara la guerra de Irak con la mentira de las armas de destrucción masiva; no lo logró e hizo la guerra igual, pero al menos lo intentó. Trump pasa de la ONU y de todo el mundo que no sea él. En 1948 se firmó la Declaración Universal de los Derechos Humanos para que no se repitieran los desastres de los totalitarismos de la primera mitad del siglo XX. A Trump los derechos humanos le importan un comino. Es el fascismo de toda la vida pero mutado, como si fuera un virus. El fascismo histórico daba todo el poder al Estado; el del siglo XXI se lo quita y lo da a cuatro oligarcas ultrarricos, en ambos casos en perjuicio de la libertad, la igualdad y la fraternidad que constituyen los principios morales de la modernidad desde hace más de dos siglos. El otro día preguntaron a Susan Sarandon, flamante Goya Internacional 2026, qué pensaba de Pedro Sánchez y la actriz respondió: “Es alto y guapo y está en el lado correcto de la historia.” En las dos primeras cosas estamos de acuerdo. En la tercera, también.