Inestabilidad y bloqueo que benefician a los ultras
Cuatro presupuestos de la Generalitat en los últimos once años. Los de 2017, 2020, 2022 y 2023. En el resto se han prorrogado las cuentas al no contar el Govern con apoyos suficientes para sacarlas adelante. Esta situación, que puede repetirse este ejercicio si el PSC no logra convencer a ERC para que las apoye, contrasta con el hecho de que desde 1980 hasta 2013 el Parlament validó cada año nuevos presupuestos. Este drástico cambio se explica por un factor: antes de esta última fecha el Govern tenía garantizada la mayoría absoluta en la Cámara, ya fuera con un gobierno monocolor o con pactos estables. Ahora, que un partido obtenga la mitad más uno de los escaños suena a utopía, y los pactos entre distintas formaciones también se han convertido en casi imposibles por la polarización. En España, tampoco hay nuevos presupuestos desde 2023. ¿Se puede gobernar sin ellos? Sí. ¿Es lo mejor? No, porque por mucho que puedan suplementarse las partidas de los prorrogados o hacer transferencias entre ellas, su estructura puede quedar desfasada en función de los cambios que se hayan producido en el país y el mundo. Sería muy prolijo entrar a analizar si la responsabilidad de este bloqueo es de los que gobiernan o de los que están en la oposición. Lo que sí deberían tener en cuenta las fuerzas mayoritarias es que una inestabilidad política prolongada beneficia principalmente a las formaciones ultras. Solo hay que ver el caso de Francia, donde la extrema derecha aparece en condiciones de acceder al poder a corto plazo después de que hayan caído tres gobiernos en año y medio. Hay más ejemplos, como el de Holanda, donde la derecha populista ha llevado el peso del ejecutivo durante dos años, hasta las últimas elecciones; el de Alemania, donde el fracaso del ejecutivo de coalición que lideraban los socialdemócratas llevó a unas elecciones anticipadas en las que los neonazis pasaron a ser la segunda fuerza; o el de Italia, donde la ultra Georgia Meloni lidera el gobierno desde 2022. Los partidos mayoritarios de Catalunya y el Estado harían bien en aplicarse el refrán de que “cuando las barbas del vecino...”
La UE y la legalidad
La presidenta de la Unión Europea, Ursula von der Leyen, ha generado controversia al afirmar que Europa “ya no puede confiar” en un sistema internacional basado en reglas como “la única manera” de defender sus intereses ante las amenazas. Por muy realista que pueda parecer, la UE debe priorizar que se cumpla el derecho internacional si no quiere acabar devorada en la ley de la selva que pretende imponer EEUU. Y de paso, sus países miembros deben asumir que en cuestiones como la defensa ya no pueden depender de la primera potencia mundial.