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Lo de ir encadenando empates a lo largo de la Liga es lo que tiene, que si estas en zona de descenso no sirven de mucho, la verdad. Y es lo que le está pasando a este Atlètic Lleida, que por una cosa u otra, no acaba de arrancar. Cuando más necesita sumar de tres en tres, lo hace de uno en uno. Y así, claro, no se avanza. Ayer, en el Gaetà Huguet, jugaba contra un rival directo, el filial del Castellón que, lo que son las cosas, bordeando el descenso, es el segundo máximo goleador de la categoría (32) y el más goleado (44). Al final, 2-2. ¿Y qué lectura hacemos? Si nos ponemos en plan positivo y, teniendo en cuenta que la próxima jornada viene al Camp d’Esports el penúltimo Porreras, podemos asegurar que puede ser una especie de brote verde de cara al futuro con los muchos y nuevos fichajes en fase de acoplamiento, además de que se aguantó más de un cuarto de hora en inferioridad numérica. Pero si miramos la botella medio vacía, la lectura es otra. De nuevo desajustes defensivos impidieron una victoria. Pau Torres volvió a ser providencial deteniendo un penalti con 2-2 (hizo lo propio hace una semana ante el Espanyol B) y, con una mano providencial, con la ayuda del larguero, evitó la derrota que ya veían los aficionados leridanos. Pero los números son los que son: dos victorias en 19 jornadas. Y por cierto, el partido lo dirigió una colegiada, la aragonesa Paola Cebollada López. No tendría que ser noticia, pero, por desgracia, sigue siéndolo.

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