DEBATE
¿Por qué la pseudociencia ‘cala’ más que la propia ciencia?
La segunda cita de ‘Diàlegs’ indaga en la influencia histórica de las creencias

La periodista de SEGRE Núria Codony y los ponentes Bertranpetit y Fons, ayer en el Espai Orfeó. - JORDI ECHEVARRIA
Desde estar convencidos de que tendremos más probabilidades de ganar la lotería si jugamos a nuestro número de la suerte, pasando por distribuir los muebles de casa de acuerdo con el feng shui o leer cada día el horóscopo para saber qué nos depara el futuro, hasta ir en contra de las vacunas o estar convencidos de que la tierra es plana. Históricamente, el conocimiento científico ha convivido con corrientes y discursos alternativos que pretenden cuestionan su autoridad pese a carecer de fundamento. La segunda sesión de la cuarta convocatoria del ciclo Diàlegs –impulsado por el Institut d’Estudis Catalans (IEC), la Universitat de Lleida (UdL), el diario SEGRE y la Fundació Orfeó Lleidatà– abordó ayer la contraposición entre ciencia y pseudociencia en el Espai Orfeó. Los expertos Jaume Bertranpetit (biólogo y miembro del IEC) y Estanislau Fons (tecnólogo y profesor de la UdL), conducidos por la periodista de SEGRE Núria Codony, debatieron si hoy en día las creencias son más difíciles de detectar y sus mecanismos para influir en la sociedad.
En primer lugar, los participantes sentaron las bases del diálogo: ¿qué entendemos por ciencia y pseudociencia? La primera, a grandes rasgos, “se basa en métodos verificables, revisables y es acumulativa y refutable”. La segunda, en cambio, “se mantiene inmutable, es autoritaria y se apoya en argumentos que apelan a las emociones”, indicaron ambos expertos. Por lo tanto, ¿por qué la pseudociencia cala tan hondo en las mentes de la ciudadanía? “Sin querer, a las personas nos afectan más los argumentos emocionales que los racionales, porque sentimos a los primeros mucho más cercanos”, explicó Bertranpetit. “Sentir emociones es algo innato en el ser humano. En cambio, la capacidad de raciocinio y escepticismo se tiene que construir, y es un proceso laborioso”, añadió Fons.
Es por eso que los relatos pseudocientíficos funcionan tan bien. “Se adaptan a la psicología humana”, son simples y cómodos de creer, al contrario que los argumentos científicos, que son “mucho más fríos e incluso ingratos”, afirmaron los ponentes.
Asimismo, el saber acientífico ha aprendido a aprovecharse de las redes sociales para “amplificar extraordinariamente su discurso”, apuntó Bertranpetit, quien añadió: “Los algoritmos se basan en incentivar el componente emocional del contenido y están pensados para que el usuario sea capaz de integrar el mensaje”. En la misma línea, parte del éxito de la pseudociencia se justifica en la “necesidad de sentirse contracultural y de oponerse al poder establecido” que experimenta parte de la sociedad, indicó Fons. “Si algo han conseguido las redes ha sido dinamitar lo que podríamos etiquetar como una red fiable de prescriptores, como los médicos, quienes deberían sentar las bases de nuestro conocimiento”, según el tecnólogo.
El próximo Diàleg está previsto el 24 de marzo (18.30), también en el Orfeó, y abordará la vida más allá de la muerte.