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TRADICIONES

La Pobla vive su gran noche de fuego

Las tradicionales ‘falles’ congregan a 160 parejas de ‘fallaires’ y ‘pubilles’ en una de las celebraciones más emblemáticas del Pallars. Culmina con el homenaje a la patrona local, la Verge de Ribera

Las fallas, Patrimonio de la Humanidad, reúnen cada año a un número creciente de participantes y público. - EDGAR ALDANA

Las fallas, Patrimonio de la Humanidad, reúnen cada año a un número creciente de participantes y público. - EDGAR ALDANA

SEGRE REDACCIÓ
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La Pobla de Segur mantiene viva una de las tradiciones más arraigadas del Pirineo y ayer celebró una nueva edición de las falles de la Verge de Ribera. Un total de 160 parejas de fallaires y pubilles participaron en una fiesta que llenó de fuego y simbolismo las calles del municipio y que forma parte del conjunto de las Falles del Pirineu, declaradas Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco en 2015. La jornada comenzó por la tarde con la concentración de los fallaires en el Molí de l’Oli y un posterior recorrido por el municipio antes de emprender la ascensión a Santa Magdalena. Ya de noche, los participantes descendieron la montaña portando las falles encendidas hasta reunirse con las pubilles al pie del monte. Desde allí, la comitiva recorrió el casco antiguo hasta la iglesia de la Mare de Déu de Ribera y culminó con la tradicional ballada de sardanas en la plaza de la Pedrera, antes de la cena popular y la verbena.

La celebración se ha consolidado de nuevo tras los años marcados por la pandemia y mantiene intacta una tradición que se remonta a la década de los cincuenta. Fue entonces cuando el alcalde Josep Maria Boixareu, con la colaboración del Esbart Dansaire, impulsó una fiesta que acabaría convirtiéndose en uno de los principales símbolos identitarios del municipio. Uno de los rasgos más característicos de las falles locales es su proceso de elaboración artesanal. Cada fallaire confecciona su propia antorcha utilizando un palo de avellano procedente de los bosques de la Vall Fosca, que puede superar los dos metros de longitud. La parte combustible se fabrica con tea de pino rojo y pino negro procedentes de árboles muertos de la sierra de Boumort. La fiesta también destaca por su evolución social, ya que desde 2018 hombres y mujeres pueden desempeñar indistintamente los papeles de fallaire y pubilla, después de que la organización eliminara los roles de género.

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