Los castillos más "bonitos y épicos" de pueblos de Lleida, señalados por National Geographic
La revista de viajes destaca varias construcciones medievales que han permanecido como testigos silenciosos de mil años de historia

El castillo de Mur.
La prestigiosa publicación National Geographic ha puesto el foco en una provincia española cuyo patrimonio medieval permanece en pie como testimonio vivo de batallas, asedios y conquistas. Su revista Viajes ha seleccionado diversos castillos que califica como "bonitos y épicos" en diferentes municipios de Lleida, construcciones que mantienen su postura altiva como silenciosos vigilantes de los pueblos que crecieron bajo su protección.
Estos monumentos históricos se erigen como testigos de los últimos diez siglos de confrontaciones entre reinos musulmanes y cristianos, además de las disputas entre las casas nobiliarias catalanas. Según la publicación estadounidense, pocos lugares ofrecen un registro tan fidedigno del pasado medieval como estas fortalezas leridanas, que combinan arquitectura defensiva con historias de linajes nobiliarios.
El castillo habitado desde hace siglos
Entre todas las fortalezas destacadas, el Castillo de Montsonís presenta una particularidad única: siglos después de su construcción, continúa habitado por sus propietarios, los Barones de Albi, quienes lo utilizan como residencia estival. Esta característica lo convierte en el primer castillo privado de España que permite visitas al público, abriendo gran parte de sus instalaciones para el disfrute de visitantes nacionales e internacionales.
El recorrido por este sitio histórico permite disfrutar de panorámicas del pueblo de Montsonís, el río Segre y la comarca de la Noguera. Entre sus elementos arquitectónicos más destacados se encuentra la torre de homenaje, el ventanal gótico de la fachada principal y diversas estancias como la cocina medieval, el horno de pan, un oratorio privado y habitaciones destinadas a peregrinos.
Los visitantes pueden pasear por salones decorados con armaduras, banderas con blasones, espadas y escudos. Especial impacto causan las cadenas que cuelgan en las paredes de la mazmorra, la misteriosa habitación del fugitivo (con ventana pero sin puerta) y un pasadizo secreto que comunicaba la bodega con el monasterio de Salgar, ubicado a tres kilómetros de distancia.

El castillo de Montsonís.
Las visitas se complementan con actividades especialmente diseñadas para niños que permiten conocer cómo era la vida medieval, descubriendo la indumentaria de la época, la historia de los trovadores, probando sabores de la cocina medieval o aprendiendo tiro con arco. Incluso las instalaciones pueden alquilarse para banquetes, presentaciones y rodajes cinematográficos.
Levantado en el siglo XI por el conde de Urgell Ermengol II para contener a los sarracenos, el lugar sufrió graves daños y reconstrucciones durante las guerras contra Castilla en el siglo XIV, la Guerra de los Remensas del siglo XV y la Guerra de los Segadores a mediados del XVII. Gracias a las rehabilitaciones recientes realizadas por los barones de Albi, el castillo se presenta como transportado desde la Edad Media.
Fortalezas que cambiaron de función militar a residencial
El Castillo de La Floresta destaca por su conjunción de estilos arquitectónicos: románico, gótico y renacentista. Construido en el siglo XIII como fortaleza en la comarca de Garrigues, fue adaptado a mediados del XVI como residencia nobiliaria, evidenciándose este cambio con la incorporación de ventanas en las gruesas paredes del edificio.
El conjunto consta de dos partes diferenciadas: la planta destinada a vivienda, con estancias de dimensiones generosas, y el sector norte donde se levantaron edificios anexos del siglo XV, incluyendo la iglesia dedicada a San Blai. La torre cuadrada con almenas domina el lugar, donde los visitantes pueden admirar la rica decoración de los techos de madera, los plafones policromados de yeso y los escudos de familias propietarias como los duques de Cardona, los condes de Pallars y los duques de Medinaceli.
El castillo con forma de barco
En la comarca de Pallars Jussá se encuentra el Castillo de Mur, solitario en un promontorio rocoso de 680 metros de altura. Esta fortaleza del siglo XI, junto con la vecina Colegiata de Santa María de Mur, conforma un conjunto militar y religioso que sintetiza el poder feudal cristiano en un territorio fronterizo recién conquistado a los musulmanes.
La estructura triangular del castillo, con delgadas aperturas en sus muros de 10 metros de alto y 1,5 metros de espesor, recuerda a la de un barco. En un extremo se encuentra la torre maestra cuadrada, y en el otro emerge la torre del homenaje de planta circular que se eleva unos 16 metros, dividida en cuatro pisos interiores con ventanas aspilleradas.
Construido en estilo románico bajo la influencia de los maestros lombardos, el edificio aprovecha las formaciones del macizo rocoso para convertirlo en una atalaya defensiva de primer orden, que protegía al poblado de Mur, posteriormente abandonado durante la Edad Media.
La fortaleza de las campanas y el legado templario
El Castillo de Os de Balaguer es conocido como 'el castillo de las campanas' por la curiosa colección que guarda en su interior. Levantado por los sarracenos en el siglo IX para controlar el valle del río Farfanya, el recinto fue capturado en 1116 por el vizconde Guerau Ponç de Cabrera tras una conquista tan difícil que le valió el mote de malignum castrum, o 'la fortaleza maldita'.
Por su parte, el Castillo de Gardeny representa uno de los pocos testimonios del poder militar y religioso de los templarios en Cataluña. Construido en la segunda mitad del siglo XII en una colina que domina una entrada a la ciudad de Lleida, la estructura forma parte de la ruta Domus Templi, que une las fortalezas de la Orden del Temple en Miravet, Monzón, Tortosa y Peñíscola.
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El Castillo de Montclar completa esta selección como pieza clave en la lucha territorial entre cristianos y musulmanes desde finales del siglo X. Protector del pueblo de Montclar, en la comarca de Urgell, la fortaleza constituye un interesante ejemplo del renacimiento catalán gracias a las modificaciones realizadas en los siglos XVI y XVII.
Aunque el castillo es de propiedad privada, se permiten las visitas guiadas que muestran la amplitud de sus estancias, la elegancia de la escalera que comunica con la planta noble y la estética de la sala de música, el comedor, la biblioteca o la habitación principal. Detalles como la colección de armaduras, los muebles de época y el palco de la iglesia para la nobleza permiten comprender la larga historia de este castillo leridano.