AGUA
Las demandas para regar con agua del Segre duplican la que el río lleva a Rialb
Crecen con el ‘no’ a modernizar el Urgell, el avance del Segarra-Garrigues y las zepa

El Canal d’Urgell a su paso por el término municipal de Tàrrega.
El rechazo de los regantes de base al plan de modernización del Canal d’Urgell, la posibilidad de transformar en regadío parte de las zepas donde ahora se veta o reduce esa posibilidad en los secanos de Lleida y la parte pendiente del Segarra-Garrigues suma una demanda claramente superior a los recursos de la cuenca del Segre, de la que dependen.
Las demandas del regadío dependientes del Segre duplican los recursos disponibles en ese río para poder atenderlas, según indican los datos de estudios y registros de la CHE (Confederación Hidrográfica del Ebro) y del ministerio de Agricultura.
El rechazo a la modernización del Canal d’Urgell, la previsión de desarrollo del Segarra-Garrigues y la demanda expectante de las zepas de los secanos de Lleida, tras abrirse la Comisión Europea a admitir la puesta en regadío de zonas de especial protección de aves, situarían las necesidades de agua por encima de los 1.100 hm3 anuales. Pero el río aporta menos de 750 cada año a la altura de Rialb y dos usos con mayor prioridad que el riego suman más de 130 hm3: 60 para los abastecimientos urbanos y 72,5 para el caudal ecológico.
La demanda actual para regadío se sitúa en el entorno de los 710 hm3 anuales, con el grueso, 690,8, para el Canal d’Urgell, y algo más de 20 para el Segarra-Garrigues, según indica la documentación básica del PHE (Plan Hidrológico del Ebro) para el periodo 2028-2033.
Esos volúmenes son el promedio de los servidos desde el embalse de Rialb en los cinco años hidrológicos (1 de octubre a 30 de septiembre) de 2016/2017 a 2020/2021, los previos a la sequía. La CHE asignaba al Canal d’Urgell una superficie regable de 67.381 hectáreas y otra de 9.874 al Segarra-Garrigues, que hoy se sitúa en 14.900.
Esos 710 hm3, 720 con el avance del Segarra-Garrigues, superan con claridad tanto la aportación del río el año pasado en Rialb, que fue de 643, como el promedio del último lustro, que se quedó en 686, y no andan muy lejos de la media de la última década, de 734.
Ese incremento de la demanda se da en una cuenca cuya aportación anual en el segundo de sus dos grandes embalses solo ha pasado siete veces en este siglo de 800 hm3 y que sufrió un desplome enorme en el trienio de la sequía: 494 hm3 de media entre 2021 y 2023 y tan solo 386 el tercero de esos años.
Ese declive de los caudales ha llevado a la CHE a incluir una advertencia sobre el uso del agua para el riego en el ETI (Esquema de Temas Importantes) del próximo PHE: el documento “deberá recoger escenarios de mayor eficiencia en el uso del agua del sistema Segre para poder garantizar su viabilidad”, señala el documento, en fase de consulta pública.
Sin embargo, hay movimientos en sentido contrario a esa indicación. Por una parte, las colectividades del Canal d’Urgell han rechazado un plan de modernización que, según el ministerio de Agricultura, debería permitir un ahorro de 105 hm3 anuales y situar su demanda en 521. Por otra, el desarrollo del Segarra Garrigues hasta las 79.956 ha previstas requiere 342 hm3 por año, 322 más que ahora. Y, por último, la Comisión de las Zepas aboga por un riego a la demanda de 30.000 ha que necesitaría otros 90 hm3.