ENTREVISTA
Jordi Recasens, responsable del grupo de investigación de malherbología i ecología vegetal: «El glifosato es un herbicida muy eficaz»
Jordi Recasens, responsable del grupo de investigación de malherbología i ecología vegetal de la UdL-Agrotecnio

«Un uso excesivo de herbicidas crea malas hierbas resistentes» - AMADO FORROLLA
El grupo de investigación en malherbología que usted lidera ha recibido el Premi Ciutat de Lleida por sus 40 años de trayectoria. ¿Son el grupo en activo más antiguo de la UdL?
Podría ser posible, pero no lo sé seguro. Entré en la universidad para el doctorado en 1980 y en 1983 comencé a hacer investigación. Entonces, había un técnico del servicio de sanidad vegetal de Agricultura que también trabajaba en malas hierbas y formamos un tándem, él con el sector y yo desde la universidad con docencia e investigación. Lo que pasa es que entonces los grupos de investigación no estaban tipificados como tales, ya que fueron creados por la Generalitat hace unos 25 o 30 años.
¿Ha cambiado mucho la investigación en estos 40 años a nivel de financiación y medios?
La financiación ha mejorado, porque hay muchas más convocatorias. Cuando acabé el doctorado, solo había una, la del plan nacional del ministerio de Educación. Ahora hay un abanico de convocatorias de la Generalitat, muchas con una componente de transferencia de conocimiento. Por ejemplo, Agricultura tiene ayudas para entidades privadas que tienen un problema para que contraten a un grupo de investigación para resolverlo. Es una buena estrategia, porque interactúas con la empresa. Y el ministerio tiene covocatorias similares.
Los investigadores se continúan quejando de la precariedad laboral
Antes de la pandemia, teníamos dos doctores en el grupo cuyo sueldo salía de los proyectos y convenios que teníamos, no los pagaba la universidad. Ahora hay uno que ha estabilizado su plaza cuando ya tiene 49 años, otro con 47 y un tercero con 45. Algo falla para que a una persona que le gusta la investigación y el mundo académico necesite muchos años para estabilizarse. Ya está más pautado, se nota que hay un poco más de financiación y se exigen unos mínimos en investigación y docencia equiparables a la media europea, aunque en salarios y recursos seguimos por debajo
¿Y la colaboración con empresas va a más o no?
No quiero presumir, pero hemos hecho mucha transferencia. Tuve la suerte de tener al lado una persona del departamento de Agricultura que estaba con el sector y facilitaba la colaboración con una empresa o cooperativa. Pero también debes saber vender lo que haces, tener una trayectoria y explicar a cualquier empresa o entidad que le podemos asesorar en el manejo de cultivos o en lo que sea. Las empresas son receptivas, hemos firmado convenios con muchas y ahora ya vienen a buscarnos. La labor en el aula es importante, pero hay que salir de ella.
Podríamos decir que las malas hierbas tienen muy mala prensa. ¿Son realmente tan dañinas?
En España se consumen herbicidas por valor de 450 millones de euros al año, en Europa, por 15.000 y en todo el mundo, por cerca de 70.000. Es una dependencia enorme que no justifico, pero es una realidad, y el control químico de las malas hierbas es muy eficaz. No puedes tener un campo de maíz o de cereal donde crezcan sin control, porque el rendimiento caerá un 35%. Las estudiamos para optimizar su control con los métodos más adecuados, porque si aplicas unas dosis de hercibida cada año pasa lo mismo que si una persona siempre toma un antibiótico, que puede generar resistencias. En una planta puede haber una mutación genética que la haga resistente al herbicida y la transmite a sus descendientes. Es un proceso en auge; las resistencias han aumentado una barbaridad porque hay un exceso de uso de herbicidas y porque hay una dependencia de métodos de control solo químicos. Cuando hay este problema debes cambiar. Es lo que explicamos en el máster de sanidad vegetal: el concepto de manejo integrado, que significa no depender de un solo método. Puedes aplicar herbicida un año y cambiar de cultivo al siguiente, porque si siembras cereal, una hierba que sale en mayo ya no lo hará. O aplicar métodos mecánicos labrando el campo cuando está en barbecho. Aparte de las resistencias, en las malas hierbas hay un proceso de globalización, porque llegan de todas partes, como el amaranthus palmeri en el maíz. Procedente de Estados Unidos, llegó a Lleida y Aragón hace 8 o 10 años, a través de grano para fabricar pienso, con genes resistentes. Crece hasta 2 centímetros al día, tiene plantas masculinas y femeninas y cada una de las segundas produce entre medio millón y 800.000 semillas. Aquí sí dependemos de métodos químicos, pero deben ser herbicidas a los que no sea resistente, y probamos diferentes materias activas y mezclas.
¿Hay avances?
Hemos hallado alguna mezcla que puede ser útil, pero si decimos que es la solución, en breve volveremos a tener un problema de resistencia, porque al reproducirse con tantas semillas fácilmente alguna planta mutará. Las rotaciones de cultivos también pueden ser una estrategia.
¿Qué opina sobre el glifosato? La UE prorrogó su autorización pero los ecologistas lo rechazan.
Es un herbicida muy eficaz. Para los que no hacen producción ecológica en frutales o viñedos, o los que hacen siembra directa del cereal de invierno y deben eliminar antes la hierba, el glifosato es muy bueno, aunque un uso reiterado puede generar resistencias. Creo que está mal visto históricamente por muchos colectivos porque su fabricante era Monsanto, que fue comprado por Bayer. Ha habido debate sobre si tiene efectos tóxicos para las personas, pero no se han comprobado. Sí tiene efectos mediambientales porque elimina la hierba y también los insectos y organismos que viven en ese ecosistema. Pero desde la perspectiva agronómica, si no es con glifosato no sé cómo se podría hacer la siembra directa de cereal, que en la Segarra, Urgell y Noguera es más del 60%. No digo que sea la panacea, pero es una herramienta útil que hay que saber usar. Cuando se debatió en la UE, la Sociedad Europea de Malherbología nos pidió que participáramos, y la sensibilidad de los que estábamos en centros de investigación era que prohibirlo puede crear un problema a muchos productores. No digo que sea una maravilla, pero es útil, aunque depender siempre de él tampoco es bueno, hay que buscar un equilibrio.