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Lleida dispone de 2.000 viviendas de alquiler turístico, la mitad en el Pirineo

Ayuntamientos denuncian que distorsiona el mercado del alquiler para los vecinos

Las calles de Barruera se llenaron ayer de turistas para ver la tradicional bajada de las Fallas de la localidad.

Las calles de Barruera se llenaron ayer de turistas para ver la tradicional bajada de las Fallas de la localidad.J. L. FARRERO

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La nueva figura de la vivienda de uso turístico (HUT), creada por la Generalitat para acabar con el fraude en el sector, ha conllevado en Lleida la incorporación de 2.000 viviendas de este tipo, que suman unas 8.000 plazas, y que contrastan con la oferta hotelera, formada este 2017 por 403 hoteles. HUT aparte, hay 56.000 plazas turísticas.

Más de dos mil pisos y casas de Lleida son viviendas de alquiler turístico (HUT: Habitatge d’Ús Turístic) y más de la mitad de ellas están en Aran, el Pallars Sobirà y la Alta Ribagorça. Estos inmuebles, que se arrendan solo por días o semanas, proliferan en los principales polos de atracción del Pirineo leridano y preocupan a los ayuntamientos, que aprecian ya efectos nocivos que pueden constatarse a mayor escala en destinaciones como Barcelona e Ibiza: el parque de vivienda de alquiler mensual disminuye, aumentan los precios y los trabajadores contratados en verano e invierno en empresas del sector turístico tienen cada vez más dificultades para encontrar un lugar asequible donde pasar la temporada. El consistorio de Vielha ha detectado ya locales comerciales y despachos habilitados para pernoctar en ellos. El de Naut Aran, incluso garajes.

El Patronato de Turismo de la Diputación estima que las viviendas de alquiler turístico suman unas 8.000 camas, frente a las 56.453 plazas de alojamiento tradicional en Lleida. Su número se ha disparado desde que la Generalitat fijó en 2012 la normativa que las regula, mientras que hoteles, campings, casas de turismo rural y otros establecimientos han experimentado solo leves variaciones.Al “legalizar” estos alquileres turísticos, el Govern les abrió la puerta de aplicaciones de búsqueda en internet que hasta ahora les estaban vetados. Más de 700 inmuebles en el Pirineo de Lleida aparecen ahora en plataformas como Airbnb. Muchos forman parte de urbanizaciones de segundas residencias, cuyos dueños adquirieron para el ocio y han convertido en fuente de ingresos. Otros son pisos que antes se alquilaban por meses.

Algunos consistorios optan por gravar los nuevos establecimientos para limitarlos

El número de apartamentos ha caído con la regulación de las viviendas turísticas

“La mayoría de los de Vielha son de gente que no vive en Aran, así que las rentas que generan apenas repercuten aquí”, afirma el alcalde, Juan Antonio Serrano, que ve con preocupación un aumento en los precios del alquiler en el último año que cifra en un 30%. Años atrás, cuando presidía la Federación de Hostelería de Lleida, criticaba ya la competencia “desleal” de estos alojamientos, libres de exigencias sanitarias y de seguridad que la ley exige a hoteles, cámpings y demás. Ahora le inquieta además que las empresas turísticas tengan cada vez más dificultad para contratar personal por la carestía de la vivienda y la distancia respecto a otras poblaciones.

“Ya es un problema y puede ser aún mayor”, concluye. Vielha, con más de 200 pisos de alquiler turístico (o apartamentos de uso turístico, HUT), elevó en 2016 la tasa de apertura de 75 a 600 euros para tratar de frenarlos. El Conselh Generau estima que hay más de 620 en Aran y la responsable de Turismo, Anna Díaz, corrobora que tienen un efecto alcista en los alquileres y “limita las opciones” para encontrar residencia. Sin embargo, apunta que “la regulación hace aflorar lo que hay y permite regularlo”.

El presidente de la Federación de Hostelería, Josep Castellarnau, ve pocas opciones de cambiar este rumbo. “Es normal que alquilen viviendas a turistas, es mucho más rentable y el sistema económico nos conduce en esa dirección”. Pero opina que podría corregirse en buena medida si se aplicasen los mismos requisitos legales, exigencias de inversión y obligaciones tributarias que al resto de establecimientos turísticos. Entre tanto, apunta que las empresas turísticas “deberán procurar vivienda a sus trabajadores o no les saldrá a cuenta venir”. Él mismo ha habilitado espacio para su plantilla en su propio hotel a costa de reducir plazas para turistas.

El Pallars Sobirà tiene 335 viviendas de alquiler turístico, pero en la capital, Sort, hay menos de una decena, según el ayuntamiento. El alcalde, Raimon Monterde, no quiere muchas más. Ve “equilibrados” el parque de alquiler y los precios, y señala que los pisos disponibles son necesarios para acoger al creciente número de alumnos de ciclos formativos. Ahora son 72 y espera que, con nuevas titulaciones el próximo curso, lleguen a 140. “Sin un techo al alcance de su bolsillo, no vendrán”, apunta. Si proliferan los alquileres turísticos, su primera medida será multiplicar la tasa municipal de apertura siguiendo el ejemplo de Vielha.

lleida

Hace diez años las comarcas de Lleida contaban con una oferta hotelera de 407 establecimientos. La cifra fue en aumento durante los años de expansión hasta llegar a una punta de 427 en verano de 2009. Desde entonces, cada año han ido cerrando hoteles hasta que este 2017 la cifra se sitúa en 403. Actualmente suman alrededor de 20.500 plazas. Sin embargo, muchos de ellos, especialmente los situados en las zonas de influencia de las pistas de esquí, abren solo durante la temporada de nieve (buena parte de los de Aran) o, a lo sumo, también los meses de verano (como ocurre con los establecimientos de Boí Taüll y de Port-Ainé). Frente a esta oscilación a la baja, el número de casas de turismo rural ha sufrido una eclosión desde que se puso de moda este tipo de establecimiento que, en la mayoría de los casos, sirve para completar una economía familiar basada en el sector primario. La evolución del número de establecimientos en este caso oscila, según datos del Patronato de Turismo de la Diputación, de los 411 del año 2005 a los 534 de hace justo una década, los 560 del año 2009 (punta de oferta en hoteles) y los 640 de este 2017. Esta última cifra se traduce en 4.559 plazas de turismo rural en Lleida, frente a los 606 establecimientos y 4.316 plazas del año pasado. Esto supone un incremento del 56% en el número de establecimientos desde 2005. En los otros sectores, hay 61 campings y 66 refugios (en cifras similares a las de hace una década); 39 albergues; 29 casas de colonias y seis granjas escuelas. En cuanto a los apartamentos turísticos, han caído en cinco años de 89 a los 28 de este año, coincidiendo con la regularización de los HUT.

Las calles de Barruera se llenaron ayer de turistas para ver la tradicional bajada de las Fallas de la localidad.

Las calles de Barruera se llenaron ayer de turistas para ver la tradicional bajada de las Fallas de la localidad.J. L. FARRERO

Las calles de Barruera se llenaron ayer de turistas para ver la tradicional bajada de las Fallas de la localidad.

Las calles de Barruera se llenaron ayer de turistas para ver la tradicional bajada de las Fallas de la localidad.J. L. FARRERO

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