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Mequinensa, 50 años en el Segre

La población del Baix Cinca conmemora en 2020 el medio siglo del trasladado del antiguo pueblo a su nueva ubicación tras la construcción del pantano de Riba-roja || Los vecinos aportan fotos y recuerdos de cómo era la vida en la década de los 70 y lo que les supuso dejar sus casas

Imagen de poco antes de la inundación. El pueblo viejo, en primer plano, estaba junto al Ebro. El nuevo está a orillas del Segre.

Imagen de poco antes de la inundación. El pueblo viejo, en primer plano, estaba junto al Ebro. El nuevo está a orillas del Segre.MUSEOS DE MEQUINENSA

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Mequinensa estaba lista para celebrar esta primavera el 50 aniversario del traslado del ‘Poble Vell’, como se le recuerda, al nuevo. Fue una de las etapas más importantes en la historia reciente de este municipio del Baix Cinca, provocada por la construcción del embalse de Riba-roja pero, como todas las efemérides de este año, quedó aplazada por la Covid-19 y el confinamiento por la crisis sanitaria. Pese a los obstáculos, se puso en marcha La memòria dels carrers, una iniciativa promovida por el Centro de Estudios Jesús Moncada para recoger recuerdos, documentos y fotografías hasta tener una colección de cerca de 300 instantáneas antiguas. El 23 de abril, coincidiendo con el Día de Aragón, las calles del antiguo núcleo urbano tenían que haber vuelto a la vida en una nueva edición de Sant Jordi al “Poble Vell”, una jornada que finalizaba con un vermut en la Plaça d’Armes en el que participan centenares de vecinos. En vez de eso, se adelantó la presentación de Imágenes para la memoria, uno de los proyectos en los que ha trabajado Museos de Mequinensa para dicha conmemoración y en el que se recrea cómo era la población de forma virtual.

Magda Godia, la actual alcadesa, tenía 14 años cuando la vida del pueblo cambio para siempre. “La construcción de Riba-roja en el Ebro partía Mequinensa en dos y, mientras que los que estaban fuera de la zona inundable podían quedarse, los otros tenían que marchar. Al final, todos a una y gracias a la presión popular, conseguimos que se nos indemnizara y, de este modo, construir las casas del pueblo nuevo en una sola ubicación y mantenernos todos juntos”. Se creó una cooperativa de viviendas y, “después de edificarlas, se sortearon y cada familia tomó posesión de la que le tocó”. La década de los 70 supuso un comienzo difícil “con un futuro negro” que, paradójicamente, la reapertura de las minas de carbón de la zona convirtió en prosperidad. Tras su cierre, Mequinensa mira hacia la industria, el turismo y la agricultura con nuevos regadíos.

Imagen de poco antes de la inundación. El pueblo viejo, en primer plano, estaba junto al Ebro. El nuevo está a orillas del Segre.

Imagen de poco antes de la inundación. El pueblo viejo, en primer plano, estaba junto al Ebro. El nuevo está a orillas del Segre.MUSEOS DE MEQUINENSA

Imagen de poco antes de la inundación. El pueblo viejo, en primer plano, estaba junto al Ebro. El nuevo está a orillas del Segre.

Imagen de poco antes de la inundación. El pueblo viejo, en primer plano, estaba junto al Ebro. El nuevo está a orillas del Segre.MUSEOS DE MEQUINENSA

Imagen de poco antes de la inundación. El pueblo viejo, en primer plano, estaba junto al Ebro. El nuevo está a orillas del Segre.

Imagen de poco antes de la inundación. El pueblo viejo, en primer plano, estaba junto al Ebro. El nuevo está a orillas del Segre.MUSEOS DE MEQUINENSA

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