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"Mucha gente no quiere trabajar en los oficios, pero esta es una salida laboral muy buena"

Diez aprendices, ocho de ellos ‘nuevos pallareses’ nacidos en otros países, se forman en un curso de FP dual para paliar la falta de relevo generacional del sector cárnico . Uno de cada tres empleos en el Jussà está vinculado a la producción de alimentos, su elaboración o su venta

Lina y Viviana preparan elaborados cárnicos para envasarlos al vacío en el obrador de Cal Tomàs. - GERARD HOYAS

Lina y Viviana preparan elaborados cárnicos para envasarlos al vacío en el obrador de Cal Tomàs. - GERARD HOYAS

Lleida

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Son todos de aquí, aunque algunos vienen de otros países”, explica Laura Gordó, de Cal Tomàs de La Pobla de Segur, sobre la presencia de migrantes en la plantilla de la empresa, en la que son más de la mitad. “Varios de ellos llevan muchos años en Catalunya”, anota Mari Pau Montoro, directora de la Escola Agrària del Pallars, sobre el perfil de los diez alumnos del primer curso de Certificado Profesional de Carnicería y Elaboración de Productos Cárnicos que organiza el centro bajo el formato de FP dual. “Tenemos dos catalanes y ocho personas de origen extranjero, con un 40% de hombres y un 60% de mujeres, y edades entre 25 y 54 años”, añade.

Lina, dominicana que lleva casi once años en el Estado español, y Viviana, uruguaya con una estancia menos prolongada, son dos de las alumnas y se están formando en el obrador de Cal Tomàs, en La Pobla de Segur.

“Me llamaron de Reintegra y enseguida me apunté. El curso es muy completo. Mucha gente no quiere trabajar en los oficios, pero esta es una salida laboral muy buena”, explica Viviana, quien asegura que “no tenía ni idea de lo que era trabajar en un obrador”. Ahora, en un curso de un año que empezó en enero y con el que va tres días por semana a la empresa y dos a la escuela, está adquiriendo nociones de corte, de embutido, de envasado al vacío, de preparación de pedidos y de atención en la tienda.

“Muchas carnicerías han cerrado por falta de personal”, anota su compañera, que también ha tenido su primer contacto con el sector. “Me gusta la cocina, pero esto es otra cosa”, anota.

Ambas supieron en la oficina del paro de la existencia del curso, en cuya organización colaboran la Escola Agrària del Pallars y la asociación Reintegra, dos entidades que “hemos creado sinergias para formar y ayudar a acceder al mundo laboral agroalimentario a personas con dificultad de inserción en el mercado de trabajo”, explica Montoro. “El objetivo es que personas con poca cualificación profesional o sin ella, y con interés en la industria agroalimentria puedan mejorar su ocupabilidad mediante una formacion dual que engloba un certificado profesional y un contrato remunerado de formación y aprendizaje” en una de las cinco empresas adscritas al proyecto, añade.

“En el sector hay una necesidad de relevo generacional, y además hay una falta de formación en el oficio de carnicero”, indica Gordó.

Eso supone un problema de calado en un lugar como La Pobla, donde la elaboración de alimentos es, con 127 empleos según los datos municipalizados de la Seguridad Social, la actividad con más ocupación, por delante del comercio (119) y a mucha distancia de la agricultura (52) y de la hostelería (67). Y no es algo menor en la estructura económica del Pallars Jussà, donde un tercio del empleo (1.110 de 3.662) consiste en producir alimentos (567), transformarlos (191) o servirlos cocinados (337), a lo que hay que añadir la parte del comercio (372) que los vende.

“El futuro de la carnicería y la charcutería en el Pirineo es incierto”, apunta Montoro. “El curso garantiza gente que tiene interés y que quiere formarse, y nos ayuda a las empresas en su formación”, anota Gordó, miembro de la cuarta generacion de una empresa fundada en 1913 que se encuentra en fase de expansión: prepara la apertura de su tercera tienda en Tremp tras las de La Pobla y Sort.

Una comarca con artesanos de la comida o la bebida en 4 pueblos

La artesanía alimentaria, uno de los ejes de la estructura económica y social del Pallars Jussà, afronta un reto con la falta de relevo generacional que amenaza la continuidad de muchas de las explotaciones de producción de alimentos. La situación es especialmente crítica en la agricultura y en la ganadería de ovino, y también en las actividades de elaboración y transfomación como las carnicerías y los obradores de tipo más industrial. Aunque, al mismo tiempo, el desarrollo de productos alimentarios y bebidas de calidad y la apertura de nuevos canales de venta, como el Amazon pallarés que supone el portal Tot al Pallars, han abierto nuevas perspectivas. Los datos de la Seguridad Social señalan la existencia de artesanos alimentarios en La Pobla, Tremp e Isona y autónomos dedicados a la elaboración de bebidas en los dos primeros y en Talarn. Hay asalariados de los dos ramos en todos y del primero también en Gavet, Llimiana y Conca de d’Alt.

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