Santuario de vida salvaje
De la nutria al tritón del Montseny, el Centro de Fauna de El Pont de Suert celebra 30 años de compromiso con la conservación de especies acuáticas y semiacuáticas. Combina esta actividad con investigación y educación ambiental en una antigua piscifactoría cedida por Endesa

Un cuidador del centro, limpiando el hábitat del tritón del Montseny. - M. CODINAS
El Centro de Fauna de El Pont de Suert cumple tres décadas dedicadas a la conservación de la fauna acuática y semiacuática de Catalunya. Inaugurado en 1995, nació como un proyecto pionero para recuperar la nutria europea, una especie entonces desaparecida de buena parte de los ríos catalanes. Desde entonces, este espacio gestionado por el departamento de Agricultura en instalaciones de Endesa se ha consolidado como referente en conservación, educación ambiental y ciencia aplicada.
Ocupa parte de las antiguas instalaciones de la piscifactoría de El Pont de Suert y combina la cría de trucha común con la investigación y recuperación de especies en peligro. Un equipo de diez personas trabaja cada día para mantener viva su misión.
El primer gran hito fue el proyecto de recuperación de la nutria, iniciado en 1996, cuando apenas sobrevivía en algunos tramos del Ebro y del Ter. “La nutria era un símbolo de los ríos limpios, y su regreso fue posible gracias a años de trabajo y mejora de hábitats”, explica Rosa Marsol, directora del centro. Hoy las poblaciones catalanas se han estabilizado, aunque los ejemplares del centro no pueden liberarse, pues están habituados a la presencia humana y cumplen una función genética y educativa.
Con el tiempo, la labor del centro se ha ampliado a otras especies de mamíferos —como el visón europeo— y a proyectos singulares como el del tritón del Montseny, un anfibio endémico y críticamente amenazado. Actualmente se mantienen en cautividad hasta 280 ejemplares, llegando en algunos años a superar el millar. Cada primavera, un centenar vuelve al medio natural en el Montseny, en colaboración con otros centros de fauna.
En cuanto al programa de recuperación de trucha, la piscifactoría produce entre uno y un millón y medio de huevos de trucha mediterránea, una línea genética autóctona que sustituye a la antigua trucha atlántica usada durante décadas para repoblar los ríos. La tasa de supervivencia de los alevines es cercana al 30%, considerada muy positiva en condiciones naturales.
En cuanto a la vertiente educativa, el centro recibe unos 2.500 visitantes, entre escolares y familias, en visitas guiadas gratuitas. “Queremos que la gente entienda el valor ecológico de los animales que viven en nuestros ríos y zonas húmedas”, señala Marsol. Los educadores destacan que las visitas son esenciales para despertar empatía ambiental entre los más jóvenes, que pueden observar de cerca las truchas, conocer la historia de las nutrias o entender el papel de los anfibios en los ecosistemas de montaña.
En los últimos años, el equipo ha incorporado proyectos de reintroducción de especies desaparecidas, como el hurón europeo, con liberaciones en zonas del Empordà y Raimat.