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Un siglo de bares y cabaret

El cierre del Mesón La Litera clausura las 8 décadas de hostelería en la calle Tamarite de Binéfar que abrió en los años 50 un local de ‘varietés’. El sector de la restauración atraviesa una etapa de auge en la capital literana con casi medio millar de trabajadores y cerca de 30 negocios

El Mesón La Litera cerró sus puertas el pasado 31 de diciembre. - E.B.D.

El Mesón La Litera cerró sus puertas el pasado 31 de diciembre. - E.B.D.

Lleida

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Aquí tenéis nuestra casa / De política ni hablar / Respetar los intereses / Y antes de marchar, pagar”, recomendaba a la clientela la mítica leyenda que presidía el espejo de la barra de El Perú de Binéfar, bar o cantina según la etapa y que en los años 50 y 60 funcionó como cabaret, algo infrecuente fuera de la ciudad.

José Turmo Murillo abrió El Perú en los años 50 en una antigua panadería cuyo horno pasó a ser ocupado por “un pequeño escenario donde los fines de semana, los sábados y domingos, se programaban espectáculos de varietés”, explica la historiadora local Silvia Isábal.

Los espectáculos eran, “según tengo entendido, para toda la familia”, aunque el local generó su propia leyenda. “Una vez terminada la actividad habitual, cerraba y se quedaban algunos clientes fijos, VIP de la sociedad de la época, para correrse sus juergas”, anota Isábal, en una versión que corroboran varios octogenarios locales que lo frecuentaban.

Eran tiempos de ambigüedades controladas, en pleno franquismo, y Turmo diseñó su propia estrategia de supervivencia: obligaba a las chicas que trabajaban en el local, ya fuera de manera ocasional o estable, a asistir a la primera misa dominical. El ritual combinaba el escaparatismo y lo piadoso.

El Perú, cuyo rótulo vuelve a ser visible en el número 2 de la calle Tamarite por el desgaste de la cal que lo cubría, inició hace casi 80 años la oferta de hostelería en esa calle, una actividad que cesó el 31 de diciembre con el cierre del Mesón la Litera, una referencia gastronómica de la comarca. Entre la apertura de uno y el cierre de otro, la calle Tamarite albergó pubs como El Rosigón y Krifos, físicamente contiguos al inicial y coetáneos del último varios años.

Esa simultaneidad se dio entre los años 80 y los inicios del siglo XXI, cuando la hostelería nocturna y la actividad musical situaron a la capital literana como punto de referencia en decenas de kilómetros a la redonda.

Aquella actividad languidece ahora, con Novecento y Tau/Zeta como últimos pub en un municipio donde llegaron a convivir alrededor de una veintena. Sin embargo, no ocurre lo mismo con el conjunto de la restauración, que atraviesa una etapa de pujanza en la localidad, con una treintena de negocios y casi medio millar de trabajadores.

Las estadísticas de la Seguridad Social recogen la existencia de 28 actividades empresariales en las que trabajan 442 asalariados, a los que se suman otros 46 autónomos. Ese volumen de ocupación, de noviembre del año pasado, el último mes con datos disponibles, duplica el de hace una década, cuando en diciembre de 2025 operaban 25 empresas con 58 trabajadores por cuenta propia y 65 empleados.

El crecimiento es notable también en relación con la etapa anterior a la pandemia, cuando había solo una actividad empresarial más (29) pero se ocupaba la mitad de personal: 246 trabajadores, de ellos 45 autónomos.

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