Así se abandona el campo
La agricultura bajocinqueña pierde en 15 años uno de cada cuatro autónomos mientras la superficie cultivada aumenta más de 6.000 ha y los asalariados se duplican. Uaga alerta del avance de los fondos, el declive de las explotaciones familiares y la imposición de precios bajos

Un agricultor recoge nectarinas durante la campaña de recolección del verano.
El campo no es lo que era. Y su evolución, en la que las explotaciones familiares languidecen y los modelos macro con perfiles industriales ganan terreno, tiene un escenario emblemático en el Baix Cinca, donde en algo más de una década (2010-2022) la superficie de cultivo ha aumentado en más de 5.000 hectáreas: 2.203 más de herbáceos y 3.075 más de leñosos, según datos de la consejería de Agricultura. Ese proceso se ha dado en paralelo a una notable destrucción de empleo autónomo con 332 cotizantes menos (un descenso del 24%) y un vertiginoso aumento de la mano de obra asalariada. Son 1.459 personas más, lo que supone un aumento del 125%.
El fenómeno, en el que cada vez más explotaciones familiares pierden la autonomía para pasar a modelos de integración ganadera y agraria o sus responsables acaban bajando la persiana para trabajar en otras fincas o empresas por cuenta ajena, replica, casi letra por letra, el núcleo de la alerta que lanza la organización agraria Uaga en su Balance agrario de 2025.
“Si el nuevo modelo de oligopolios empresariales se impone en el sector, iremos hacia una agricultura sin agricultores”, ya que “las amenazas para la supervivencia del modelo y continuidad de la explotación agraria familiar son cada vez mayores”. “La brutal reconversión que se vislumbra convertirá a los profesionales autónomos e independientes en asalariados de las grandes corporaciones agroalimentarias”, anota.
“Es primordial tener un tejido productivo equilibrado para ser autosuficientes y satisfacer las necesidades básicas de alimentación de la población”, señala el documento, ya que “la agricultura y la ganadería ejercidas directamente por hombres y mujeres favorecen el asentamiento de población en el medio rural, al tiempo que es una garantía de continuidad de prácticas sostenibles medioambientalmente y de la producción de alimentos de calidad”.
A esas tendencias se le añaden otros tres vectores que castigan con especial dureza a las explotaciones familiares, advierte Uaga, que vincula “las últimas crisis de precios en los sectores de fruta y vino” con “los síntomas de este cambio de modelo” en el que “los más perjudicados por la uberización del campo son los agricultores más profesionalizados, las pymes del agro, los que no tienen otra fuente de ingresos”.
A esto se le suma que a menudo los almacenistas “pagan por debajo del coste de producción” a los agricultores y con retraso. “Se han incumplido los plazos de la ley de la Cadena Alimentaria, y las liquidaciones llegan meses después de la entrega de la fruta en los almacenes y con precios, muchas veces, por debajo de los costes”, añade.
El tercer factor se centra en la compraventa de fincas rústicas, que “ha experimentado un aumento significativo”, también en el Baix Cinca, en “un proceso de especulación que perjudica principalmente a las pequeñas y medianas explotaciones, sin recursos para competir con los grandes inversores”. “Ese auge en las ventas de tierra está liderado por fondos de inversión especulativos que buscan cultivos atractivos como los leñosos y la puesta en marcha de proyectos relacionados con las energías renovables”, lo que hace que a golpe de talonario “están acaparando las mejores fincas de regadío con el beneplácito del Gobierno autonómico”.
En ese escenario, el mosaico de cultivos cambia en “un reajuste varietal del sector” que busca “especies con mejor comportamiento comercial y agronómico”. De nuevo el Baix Cinca ofrece la prueba del nueve, con una merma de 860 ha de melocotón (-16%) y un aumento de 1.544 (+146%) y 267 (+34%) de almendro de regadío y cerezo.