MOVILIDAD
La odisea de ir en Rodalies
Los usuarios leridanos, entre la resignación y la aventura de no saber cuándo llegarán a su destino. Abundan los que utilizan el autobús cuando quieren evitar imprevistos en sus viajes

Estación inoperativa en Manresa. Barreras precintadas y pantallas informando de las alternativas en la estación. Mientras, la escena en la puerta es de confusión, con trabajadores tratando de informar a los usuarios. - C.MOLINS
El accidente de Gelida y las posteriores suspensiones del servicio han puesto en evidencia el pésimo estado de la red de Rodalies en Catalunya. No obstante, el deterioro no es reciente, sino que se remonta a hace años. Así lo constatan los usuarios leridanos de la línea a Manresa y de la costa, que ya se han resignado a que los trenes alteren su día a día.
Los pasajeros de Rodalies viven en una especie de aventura constante. La tónica general es de resignación: están acostumbrados a los retrasos y a las cancelaciones. SEGRE ha comprobado cómo es un viaje de ida y vuelta de Lleida a Manresa por la línea RL4.
A las doce de la mañana, en la estación de Lleida-Pirineus hay sensación de calma. Varias personas hacen cola para preguntar sobre la situación y conseguir sus billetes, ahora gratuitos para Rodalies. Para llegar a la capital del Bages, los leridanos deben ir hasta Cervera en tren y después coger un autobús que espera en la misma estación, ya que desde allí hasta Manresa la vía acumula varios puntos en mal estado.
Aunque el tren –que no iba lleno– sale puntual de Lleida, acaba llegando a la capital de la Segarra a las 13.20, unos quince minutos más tarde de lo previsto. “Suele llegar tarde, nunca a la hora que pone en la web”, aseguran dos estudiantes de Bellpuig, que dan por hecho no llegar a clase a la hora. También es algo habitual para los que van a la UAB, según señala Marc, de Manresa, que en muchas ocasiones también soporta demoras de entre 30 y 45 minutos para poder volver a casa.
En Cervera, una informadora indica a los pasajeros que van a Manresa que deben cruzar las vías por debajo y caminar hasta un bus al que se suben media docena, a los que en Calaf se suman cuatro más. La llegada a la puerta de la estación de Manresa –que está inoperativa– se produce a las 14.17 (estaba prevista para las 14.04). Un trayecto de más de dos horas que, en coche, sería de menos de una y media.
Para volver a Lleida, hay que coger un bus en la puerta de la misma estación, donde se concentran viajeros procedentes de Martorell, Terrassa o Vilafranca del Penedès. Las conversaciones reflejan incertidumbre, especialmente sobre cuándo volverán a funcionar los trenes. “Yo creo que no lo sabe nadie”, comenta uno de los trabajadores de la estación.
Antes de que salga el bus convencional, cuya llegada a Cervera conecta con la salida del tren hacia Lleida, se marcha una furgoneta que para en los pueblos entre Manresa y Cervera. El conductor explica que el martes el tren se fue antes de que llegaran los pasajeros y de que la informadora pudiera reaccionar. Además, señala que el tren de Cervera a Lleida está sufriendo retrasos de entre 15 y 20 minutos. Una de las ocupantes del bus de vuelta es Laura, una vecina de Tàrrega que tuvo que ir a Barcelona por temas administrativos. Detalla que ha apostado por BlaBlaCar para la ida, y que prefiere utilizar el autobús en lugar del tren. Sin embargo, ha cogido por error un bus hasta Berga y ha tenido que coger otro hasta Manresa para ahora hacer transbordo.
Pese a salir cinco minutos tarde, el bus llega a tiempo para coger el tren hasta Lleida, que finaliza su trayecto a las 18.33 en lugar de las 18.26.