SUCESOS
La reincidencia de tres asesinos reta a la sociedad de Lleida
La cárcel no ha podido reinsertarlos porque se trata de criminales sin sentimiento de culpa
Las víctimas han sido mujeres, que sufren tres agresiones cada semana en la demarcación

Mario Casteràs s’uneix amb el crim de Ciutat de Fraga a Manuel Escudero i Gilberto Chamba en l’elenc d’homicides reincidents d’aquest segle a Ponent, tots amb víctimes femenines
Mario Casteràs ha pasado, tras confesar la semana pasada la muerte a cuchilladas de una compañera de piso en la calle Ciutat de Fraga, a engrosar, junto con Manuel Escudero y Gilberto Chamba, la lista de homicidas reincidentes de la demarcación de Ponent en lo que va de siglo. Los tres coinciden en haber reincidido con mujeres como víctimas.
La creencia en una fuente sobrenatural del mal no es necesaria”, dejó escrito el novelista Josep Conrad, autor en cuya extensa obra la violencia y el crimen eran temáticas frecuentes. El escritor polaco consideraba que “los hombres por sí mismos son muy capaces de cualquier maldad”. No todos, ni tampoco siempre; aunque sí, en ocasiones, algunos.
La confesión que Mario Casteràs Aznar efectuó el pasado domingo en la comisaría de los Mossos d’Esquadra, donde se declaró autor de la muerte a cuchilladas de una mujer con la que compartía piso (con una tercera persona) en la calle Ciutat de Fraga, supone el tercer episodio de reincidencia homicida en Lleida en este siglo, un registro tan inusual como inquietante.
Sus dos antecesores fueron Manuel Escudero Carbonell, condenado a veinte años de prisión en 2005 por matar y descuartizar a María La portuguesa en Els Vins en agosto de 2003, y Gilberto Chamba, que en noviembre de 2004 mató a la joven Isabel Bascuñana.

Gilberto Chamba acumula nou morts violentes, una a Lleida. - LLEONARD DELSHAMS
El primero, que llevaba tres meses fuera de la cárcel cuando reincidió, había matado y descuartizado a una mendigo en Barbastro en 1989. El segundo, originario de Ecuador, donde se le conocía como El monstruo de Machala, arrastraba un historial de ocho muertes en crímenes de perfil sexual. Casteràs había salido tres meses y medio antes de Can Brians tras cumplir condena por matar, por celos y a golpes de mancuerna, en 2002 a otro recluso del Centre Penitenciari Ponent.
¿Qué lleva a alguien que ha matado a volver a matar? “Suelen ser personas con una impulsividad muy acusada y a las que hacer el mal no les genera ansiedad. Consideran que ellos son lo primero y que cualquier medio sirve para sus fines”, explican fuentes judiciales.
Pueden tener rasgos psicopáticos, pero es infrecuente que sufran trastornos psicóticos o delirantes y mantienen el contacto con la realidad. Y a menudo presentan trazos narcisistas y/o de inadaptación social. “Siempre van por delante sus necesidades, y así es muy difícil mantener relaciones normales”, anotan las mismas fuentes.

Mario Casteràs va confessar la setmana passada el seu segon crim. - SEGRE
Dos psicólogos y un psiquiatra calificaron a Casteràs en el juicio por el crimen de la mancuerna como “antisocial” e “inestable emocionalmente”. Los que estudiaron a Escudero lo definieron como “manipulador” y le atribuyeron un “trastorno antisocial”, aunque lo vieron “capaz de conocer y valorar la realidad y sus actos”. En el caso de Chamba, el diagnóstico describe a un psicópata con tendencia a la necrofilia, con “ausencia de remordimientos y de sensación de culpa” y, también, con “baja resistencia a la frustración”. “Suelen reaccionar cuando se sienten frustrados, y con las agresiones descargan la tensión que han ido acumulando. Y si cruzan la línea de la muerte puede que no sepan parar”, añaden.
La reincidencia, que en estos tres casos incluye el patrón de tener a mujeres como víctimas, es algo infrecuente entre los homicidas.

Manuel Escudero va matar una dona el 2003, als tres mesos de sortir de la presó per un crim similar. - LLEONARD DELSHAMS
El último estudio sobre ese factor elaborado por la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias, y que observó datos de una década, cifra en el 6,55% la tasa de condenados por asesinato u homicidio que vuelven a la cárcel por ese mismo delito: uno de cada 16, un ratio que solo mejoran los falsificadores con un 6,15% y que, en ambos casos, se halla a mucha distancia de los ladrones (72,6%) y también de los narcotraficantes (42,48%) y los maltratadores (41,6%).
Ese es el grado de repetición dentro de la escasa quinta parte de expresidiarios que vuelven a la cárcel. Un estudio de la conselleria de Justicia cifra en el 16,1% la reincidencia en el capítulo, más amplio, de la violencia contra las personas.
Los tres episodios de reincidencia homicida registrados en Ponent en lo que va de siglo, y que suponen al menos dos casos de fracaso de las políticas de reinserción social, superan con claridad la frecuencia estatal.
Vicenç Mosella: un serial criminal por el que nunca fue condenado
Un diagnóstico de psicosis delirante impide catalogar formalmente como asesino u homicida en serie a Vicenç Mosella, el vecino de Llobera (Solsonès) que mató a tres personas relacionadas con una antigua finca familiar del bosque de Montraveta de la que quedó apartado tras el reparto de una herencia. Mosella tiroteó en 1973 a Julià Tarrès, que había comprado parte del monte, y en 1989, en un permiso del psiquiátrico penitenciario de Carabanchel, a los leñadores Antoni Massana y Josep Utrero, que lo explotaban. No fue declarado culpable al considerarlo inimputable la Fiscalía y la Audiencia.