Tres generaciones de una familia dignifican un templo en un pueblo de Lleida
Cerrado desde finales de los años noventa, ha sufrido expolios y sufre graves daños estructurales

David Nus y su hijo Gerard, ante la iglesia de Sant Clem de Mencui. - EDGAR ALDANA
La iglesia de Sant Clem de Mencui, en Soriguera, está cerrada desde 1996, cuando la última ostiaria que velaba por el templo entregó las llaves al entonces rector de Sant Feliu de Sort. Desde entonces sufrió un progresivo deterioro y fue víctima de repetidos expolios que la han dejado en un estado prácticamente ruinoso. “Mi bisabuela se encargó de velar por el templo hasta sus últimos días”, cuenta Gerard Nus, que junto a su padre, su abuelo y el historiador Kevin Güell han emprendido un “proyecto de recuperación, investigación y dignificación” de Sant Clem que, según explica, “tiene un posible origen románico”.
“El objetivo es restaurar el templo y también la dignidad de mi bisabuela”, afirma Nus, que asegura que su familia lleva más de 20 años “moviéndose para que alguien se haga cargo” de los trabajos de restauración que necesita el edificio. “En agosto del año pasado conseguimos reunirnos con el obispo de Urgell, Josep-Lluís Serrano, y tras hablar con él nos dio la razón y nos dio el permiso para tramitar una petición oficial al obispado para comenzar con el proceso de rehabilitación”.
Los trabajos empezaron el pasado mes de octubre con la visita de un arquitecto que, según Nus, “trabaja con el obispado”. Él fue el encargado de desplazarse hasta Mencui para comprobar el estado de la iglesia y tomar algunas fotografías para documentarlo.
Tras la visita, definió las dos actuaciones más urgentes que necesita el templo: cubrir el tejado, que actualmente está completamente derruido, y reponer las piedras que, a lo largo de los años, se han ido extrayendo de una de las esquinas del edificio, poniendo en riesgo su estabilidad. “El obispado se comprometió a actuar, pero la burocracia es muy lenta. Aún no se ha hecho nada, y el templo no tiene tiempo”, lamenta el joven.
Mientras tanto, la familia Nus ha empezado con las tareas de desescombro del interior del edificio, ya que, según Gerard Nus, “el obispado nos dijo podíamos ocuparnos de retirar la suciedad que se había acumulado dentro de la iglesia”. Abuelo, padre e hijo se han empleado a fondo para mover los restos y “clasificar las piedras respetando las losas originales”. También han podido comprobar que los expolios persisten. “Un vecino de Mencui se llevó una de esas piedras y le tuvimos que pedir que la devolviera”, afirma el joven.
En el transcurso de estos trabajos también se ha podido comprobar que la pica de agua bendita de Sant Clem fue arrancada de una de las paredes. “Investigamos quién podría habérsela llevado y, hablando con el cura de Sant Feliu de Sort nos dijo que estaba en su iglesia”, asegura Nus, quien afirma que se trata de una “pieza románica”. El joven también cuenta que “alguien arrancó un óleo sobre tela” que había en el templo, lo que, en su opinión, “constituye un atentado directo contra la cultura y el patrimonio”.
Pero no todo han sido malas noticias para los Nus, ya que el abuelo de Gerard, Josep Maria, pudo comprobar que la pica donde fue bautizado sigue prácticamente intacta dentro del templo. “Es un orgullo inmenso recuperar la capilla donde bautizaron a mi abuelo. Esta iglesia no es solo un edificio, es memoria familiar”, asegura.