SEGRE

Torres produce 3.000 botellas de vino ‘gourmet’ con una uva ‘arqueológica’

La bodega cultiva en Tremp, a 950 metros de altitud, ocho hectáreas de la variedad Pirene, desaparecida con la plaga de la filoxera. Fue rescatada en el Prepirineo y ensayada en el Pallars

La uva se ha adaptado a una altitud de casi 1.000 metros. - BODEGAS TORRES

La uva se ha adaptado a una altitud de casi 1.000 metros. - BODEGAS TORRES

Lleida

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Los trabajos de arqueología enológica que hace más de cuatro décadas se pusieron en marcha en las Bodegas Torres ya dan resultados tangibles: la cosecha de las ocho hectáreas de uva Pirene, una variedad catalana ancestral que se dio prácticamente por desaparecida con la plaga de la filoxera, que en los años 30 del siglo pasado obligó a poner a cero el contador de la viticultura en Catalunya (tambén en el Duero y Andalucía) y a resetear el sector, ya producen cada año más de 3.000 botellas de vino de gama alta que se destinan al mercado gourmet, es decir, a acompañar comidas en las mesas de los locales de alta restauración.

Esta experiencia se suma a las impulsadas por el ayuntamiento de Tremp, el IRTA (Institut de Recerca i Tecnologia Agroalimentària) y la Associació de Productors d’Oli del Pallars en el sector de la aceituna, en el que han conseguido rescatar quince variedades autóctonas. Seis de ellas (Cua de cirera, Grossal, Llargueta, Masanell, Negral y Primerenca de Sant Martí) dan olivas cuyo aceite tiene unas características cercanas a lo terapéutico por la abundancia y la calidad de sus polifenoles, unos compuestos antioxidantes cuya ingesta resulta beneficiosa para la salud humana. Y, por otro lado, conecta con los trabajos de otros profesionales, como el oleicultor Ivan Caelles con su jardín de 45 variedades de olivo, en la adaptación de los cultivos al cambio climático.

“Pirene se encontró en varios lugares del Prepirineo y otras zonas, y decidimos plantarla en la finca de Tremp y registrarla con ese nombre”, explican fuentes del grupo Torres, que destacan “su excelente adaptación” a esa zona, ubicada a 950 metros de altitud. Ya había sido testada su resistencia al calor y la sequía.

Un informe del Incavi (Institut Català de la Vinya i el Vi) indica a partir de una serie de análisis genéticos que la uva Pirene está emparentada con una variedad “localizada en marzo del 2014 en una colección de La Noguera”. También plantea su parentesco o “posible origen como cruzamiento de la variedad Gonfaus x una variedad aragonesa” también previa a la plaga de la filoxera.

La DO Costers del Segre, de la que forman parte el emergente sector vinícola de los Pallars, autorizó la elaboración de vino con uva de esa variedad en 2024. “Actualmente tenemos unas ocho hectáreas de Pirene con la que elaboramos un vino destinado principalmente a la alta restauración”, señalan las mismas fuentes.

La añada actual, bautizada como Pirene 22 y que es la tercera producida con esa uva, tiene un “precio recomendado” de 50 euros por botella. La cosecha es de 3.088 botellas, algo más de 2.300 litros.

Pirene se cultiva en la finca Sant Miquel, que Torres, pioneros en la recuperación de la actividad vinícola en el Pallars, adquirió en 1997. Tiene una superficie de 205 hectáreas, algo más de la mitad de la cual está ocupada por viñedos.

Nuevos ensayos en fincas de Gavet y de Benavarri

Bodegas Torres ha ampliado sus ensayos con uvas arqueológicas a sendas fincas de la Vall de Barcedana, en Gavet de la Conca, concretamente en un paraje conocido como Matasolana, y en Benavarri, en la Ribagorça. Se trata de tierras ubicadas a unos 1.100 metros de altitud. “Se están haciendo ensayos pero las temperaturas son todavía demasiado frías para el cultivo de la viña”, explican fuentes del grupo. Torres ha recuperado 50 variedades ancestrales desde los años 80, y ya produce vino, además de con Pirene, con Forcada, Moneu, Gonfaus, Garró y Querol.

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