PATRIMONIO
El monumento a la sardana de Mollerussa cumple 30 años
Varias rotondas del municipio exhiben piezas artísticas, donde Sant Isidori es otro referente escultórico

El 'Monument a la Sardana' de Mollerussa.
En Mollerussa, buena parte del arte visible en el espacio público ha encontrado un escenario inesperado: las rotondas. En la de la avenida de La Pau, el Monument a la Sardana se ha consolidado como un pequeño faro cultural, una pieza que convierte en materia el gesto colectivo de la danza.
La obra, firmada por el escultor local Nacho Culleré, se inauguró en 1996 con motivo del 50 aniversario de la Agrupació Sardanista de Mollerussa. Tallada en un único bloque de granito de unos 2,5 metros de altura, quedó como homenaje estable a la tradición sardanista local.
El segundo elemento destacado de este mapa artístico urbano es Simbologia, situada en la rotonda de la N-II, en el cruce con la avenida de La Pau. La escultura, obra de Josep Martí-Sabé e inaugurada en 2001, tuvo como principal impulsor a Jaume Marrades Marsol. Dedicada a la ciudad y a la comarca del Pla d’Urgell, aspira más a ser emblema que monumento descriptivo: una síntesis visual de pertenencia y territorio, con referencias a símbolos locales como la agricultura o el canal.
Más allá de las rotondas, el patrimonio artístico de la ciudad también se lee puertas adentro. La escultura de Sant Isidori, conservada en la capilla dedicada al patrón, está rodeada de tradición y de estudio. El relato popular sitúa su llegada desde Venecia, traída por un soldado de Mollerussa, y recuerda que, tras ser destruida en 1936, pudo restaurarse en 1977 a partir de fragmentos originales conservados por familias del municipio.
El historiador del arte Joan Yeguas aporta la mirada técnica: identifica la figura como San Isidoro de Quíos y fecha la talla entre 1500 y 1525 a partir del análisis del estilo y de la indumentaria. En su estudio destaca elementos como las calzas sujetas con agulletes, el sayo y el calzado, vinculados a la llamada moda “francesa” (1485-1530).
El año pasado se presentó una réplica de dicha escultura para poder utilizarla en actos públicos sin necesidad de trasladar la imagen original. La pieza se elaboró en el taller de cerámica con internos del Centre Penitenciari Mas d’Enric (Tarragona).
La capilla guarda, además, una de las piezas arquitectónicas más antiguas locales: el arco sobre la puerta de acceso, cuya primera fase constructiva está situada en torno al año 1600, posiblemente un trabajo del cantero occitano Pere Jaques.