Vecinos de Santa Linya mantienen viva la gestión comunal del monte
Comunidad que hace más de un siglo se unió para recuperar bosque y que hoy lucha por la herencia común. Finca de 1.600 ha que custodia el yacimiento de la Cova Gran o el Balconet

La zona del Mirador del Balconet, desde donde se puede ver el pantano de Camarasa, Terradets y el Doll. - ESMERALDA FARNELL
A los pies del Montsec, la Sociedad de Montes de Santa Linya sigue siendo testimonio de una historia de resistencia, identidad y de arraigo. Su origen se remonta a finales del siglo XIX, cuando los vecinos de este pequeño pueblo de la Noguera decidieron tomar el destino de su bosque en sus manos. El detonante fue trágico: en 1880 un vecino fue asesinado por un guarda forestal cuando recogía leña en el monte, entonces propiedad del Estado. Aquella muerte indignó al pueblo, que acordó comprar las fincas y evitar que jamás se repitiera una injusticia semejante.
Entre 1882 y 1883 se materializó la compra colectiva de doce fincas, con unas 1.600 hectáreas de monte. La escritura se formalizó en Àger en 1889, con un coste total de 18.548 pesetas de la época. Nació así la Sociedad de Montes de Santa Linya, gestionada por una junta de 21 miembros y sustentada por 135 socios que compartían de forma igualitaria la titularidad de los terrenos.

Copia de la escritura de 1889 y la primera acta de la Sociedad.
La finalidad era doble: proteger el patrimonio natural y asegurar una fuente de recursos basada en la leña, principalmente, los pastos, la trufa o las boïgues, antiguo método para obtener abono agrícola a partir de materia vegetal quemada lentamente.
Este modelo de propiedad comunal, muy extendido en la época de las desamortizaciones, se convirtió en una forma de autogestión vecinal y de defensa del territorio frente al abandono. Los montes eran no solo una despensa natural, sino también una fuente de identidad colectiva que unía a las familias bajo un mismo propósito.
Más de 140 años después, el espíritu que impulsó aquella iniciativa se mantiene, aunque “los tiempos han cambiado”, explica el presidente actual, Antoni Badia. Asegura que “la sociedad se conserva más por identidad y sentimiento de arraigo al pueblo que por rentabilidad, que hoy es nula”. Los derechos de propiedad se han transmitido generación tras generación, heredados por los hereus de cada casa. Este proceso, sin embargo, ha complicado la gestión de las fincas, ya que muchos propietarios originales fallecieron sin dejar claro el reparto y las herencias volvieron difuso el mapa de titulares.

Josep Ariet, David Riba y Antoni Badia, tres socios.
Desde 2007, la nueva junta ha trabajado para regularizar la situación y actualizar las titularidades. “Ha sido un trabajo costoso, pero necesario para evitar que la sociedad desapareciera”, señaló Josep Ariet, otro de los socios y vicepresidente. Hoy 35 socios activos conforman la Sociedad de Montes, y dos sentencias judiciales han avalado la legalidad de la entidad. Además de su valor histórico, las propiedades de la Sociedad albergan algunos de los mayores atractivos naturales y científicos del Prepirineo. Se trata de la Cova de Santa Linya, importante yacimiento arqueológico; el Mirador del Balconet, con vistas únicas sobre el pantano de Camarasa, Terradets y el Montsec; o la ermita de Sant Pere. Espacios en los que se ha tendido que acordar con escaladores, espeleólogos y arqueólogos compaginar actividades para preservar el entorno. La mayoría de las hectáreas están cedidas al coto de caza local, que reinvierte los beneficios en la mejora de caminos y accesos, con más de 80 kilómetros.“Nuestro objetivo no es obtener beneficios, sino garantizar que esta herencia colectiva perdura muchos años más. Es el alma del pueblo”.