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Un oasis cultural a 1.350m de altura: El Centre d’Art i Natura de Farrera celebra 30 años consolidándose como la residencia artística más longeva de Catalunya

Es el único espacio que mezcla proyectos de arte y ciencia

A la izquierda, decenas de personas durante una actividad organizada por el CAN. A la derecha, dos residentes mientras trabajan en sus proyectos. - SÍLVIA POCH

A la izquierda, decenas de personas durante una actividad organizada por el CAN. A la derecha, dos residentes mientras trabajan en sus proyectos. - SÍLVIA POCH

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Farrera tenía seis habitantes hace treinta años. Eran los que resistían ante el despoblamiento del pueblo durante décadas. Hoy, en cambio, cuenta con 25 vecinos, en parte, gracias a la apertura, en 1996, del Centre d’Art i Natura (CAN), la residencia artística más antigua de Catalunya, donde cientos de artistas e investigadores de todo el mundo encuentran, a 1.350 metros de altura, un enclave “óptimo para la concentración y la inspiración”.

Así lo explica su actual director, el dramaturgo Albert Baldomà, quien apunta que el germen de esta residencia llegó de Irlanda en los 80 gracias al gestor cultural Bernard Loughlin, “que intentó reproducir en Catalunya la residencia que gestionaba en su país”. Tras “cocinar el proyecto durante años”, la pintora Cesca Gelabert y el geógrafo Lluís Llobet acogieron a su primer residente en Farrera en 1996.

El CAN, además, es la única residencia de Catalunya que “mezcla ciencia y arte” con proyectos sobre “ecologismo y comunicación artística, por ejemplo”, según Baldomà. Además, “no discriminamos a nadie por currículum: pueden coincidir escritores de fama internacional y un profesor de matemáticas que quiere escribir su primer libro de poesía”, afirma.

Uno de los grandes orgullos del Centre d’Art i Natura es la participación que logran sus actividades durante todo el año, abiertas a todos los vecinos de Farrera y de la comarca. “El hecho de tener una programación anual y desestacionalizada, cohesiona al pueblo”, cuenta Baldomà. Y añade: “la diferencia entre los vecinos de Farrera y los del resto del Sobirà es que la gente con casa aquí participa muchísimo. Son socios del CAN y nos ayudan a sostenerlo”. “Nuestra misión”, sostiene Baldomà, “no es que la gente de Barcelona venga al Pallars para hacer lo mismo que allí mientras nuestros vecinos trabajan en el sector servicios. Huímos de eso. Intentamos ser un oasis cultural, y creo que lo conseguimos”.

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