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Los hallazgos invaden la plaza Capdevila de Guissona: “es la más alta del pueblo, de ahí debe su nombre”

Fue la más elevada de Guissona y las obras integrarán patrimonio y uso vecinal

Uno de los pasillos encontrados, enseñado por el arqueólogo municipal, Josep Ros. - JORDI BONILLA

Uno de los pasillos encontrados, enseñado por el arqueólogo municipal, Josep Ros. - JORDI BONILLA

Jordi Bonilla
CERVERA

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La reforma de la plaza Capdevila de Guissona ha dejado de ser solo una obra de cemento y hormigón para convertirse también en una intervención con peso arqueológico. Los primeros trabajos en el subsuelo, iniciados a finales del año pasado, han sacado a la luz restos de una gran amplitud cronológica, desde la Edad del Bronce hasta la época medieval, lo que abre la puerta a integrar patrimonio y urbanismo en un mismo proyecto. El arqueólogo municipal, Josep Ros, explica que la plaza es un espacio relevante dentro del casco antiguo, ya que “es la más alta del pueblo, de ahí debe su nombre al ser cabeza de la villa” y porque, desde hace milenios, ha sido una zona de ocupación humana. En este sentido, los primeros vestigios documentados corresponden al Bronce final y a la primera Edad del Hierro, con un asentamiento prehistórico que después evoluciona hasta la etapa romana y medieval.

Las excavaciones han confirmado esta continuidad histórica al localizar una secuencia arqueológica de más de un metro de grosor en algunos puntos. También ha aparecido un muro formado por grandes sillares, con forma de L, que podría corresponder a época romana y que Ros considera una pieza “bastante singular” como para que pueda quedar visible o, como mínimo, bien explicada dentro del futuro diseño de la plaza.

El hallazgo más relevante ha sido la aparente localización de la base de la torre del antiguo castillo de Guissona. A su alrededor se habrían identificado dos pasadizos subterráneos, uno de los cuales presenta un tramo recto y después tres peldaños descendentes, aunque no ha podido excavarse por completo ya que la configuración de la plaza impedía avanzar. Asimismo, se ha detectado cómo en época imperial romana “los peldaños se tapan y el túnel acaba girando hacia el oeste, con una segunda variación que iría a buscar la torre medieval, convirtiéndolo en un pasadizo de salida para momentos de crisis”, apunta el arqueólogo.

Ros defiende que estos restos no deben verse como un obstáculo, sino como una oportunidad. Según afirma, en el proyecto de reforma “deberá someterse a un buen ejercicio de convivencia entre la arqueología y la arquitectura, dos elementos que pueden parecer contradictorios”. Este equilibrio permitiría poner en valor las estructuras más interesantes y, al mismo tiempo, mantener el uso cotidiano de la plaza por parte de los vecinos.

El proyecto, además, no se decidirá solo desde el ámbito técnico. El responsable de los trabajos de excavación insiste en la importancia de “escuchar a los vecinos, que son los usuarios de este espacio y, por tanto, deben sentirse cómodos en él”. La reforma de la plaza Capdevila nació de los presupuestos participativos de 2023 y estuvo marcada por un intenso debate sobre el futuro del depósito de agua que presidía la plaza.

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