ENTREVISTA
Pilar Aymerich, fotógrafa: «A veces, haciendo fotos me sentía intrusa en un mundo de hombres»
La histórica fotógrafa barcelonesa Pilar Aymerich habla en Lleida de una profesión que “ya experimentó un gran cambio con la tecnología digital y que ahora hace frente a la IA, que me da mucho miedo”

‘Dones fotògrafes’ en el Morera. Pilar Aymerich fue la protagonista ayer en el Morera Museu d'Art Modern i Contemporani de Lleida de una mesa redonda en torno a las mujeres fotógrafas, en el marco de la actual exposición temporal sobre la fotógrafa leridana Palmira Puig. Más de medio centenar de personas no se perdieron el diálogo junto a una artista de una generación más joven, Paula Artés (Barcelona, 1986), en un acto conducido por la galerista, gestora cultural y editora Rocío Santa Cruz. - PAU PASCUAL PRAT
La fotógrafa Pilar Aymerich (Barcelona, 1943) es una figura fundamental entre los profesionales que documentaron gráficamente el cambio social, político y cultural de la España de la última década franquista y la Transición. Y además, desde una mirada comprometida con el feminismo y la lucha por los derechos civiles. Ayer participó en Lleida en un debate sobre mujeres fotógrafas (ver desglose).
¡Pero usted comenzó estudiando teatro!
Sí, sí, estudié interpretación y dirección teatral en la Escola Adrià Gual. Y como final de carrera, en 1964 dirigí una versión del Ubú rey, de Alfred Jarry. En la escuela todo era teatro de vanguardia y, al salir, vi el panorama teatral del país, con vodeviles... Y me fui a Londres a seguir estudios. Pero con el idioma y la falta de contactos..., acabé marchándome a París para colaborar en el estudio fotográfico de mi tío Xavier Tarragó. Había sido comisario de propaganda de la Generalitat republicana y estaba exiliado. Junto a él me di cuenta de la importancia de la fotografía como profesión. En la vida he funcionado muchas veces por la intuición, y no me ha ido mal.
De regreso a España, se convirtió en fotógrafa profesional.
Al principio hice mucha foto teatral, gracias a mi relación con gente que conocí en la escuela, como Fabià Puigserver o Josep Maria Benet i Jornet. Después ya comencé a salir a la calle, a las grandes manifestaciones. Era la única mujer fotógrafa y había que demostrar el doble de valía que los hombres. Pero adopté como un personaje, bien arregladita y sin las grandes cámaras y objetivos colgando del cinturón que llevaban los fotógrafos..., resulta que pasaba más desapercibida y acababa colándome en lugares a los que los fotógrafos no podían acceder.
¿Qué tenía que aguantar de los hombres fotógrafos?
Te miraban un poco de arriba a abajo, aunque al final entendían que trabajara una mujer junto a ellos. Eso sí, a veces me sentía intrusa haciendo fotos en un mundo de hombres. También he sentido en ocasiones como una cierta invisibilidad hacia las mujeres profesionales, por ejemplo en exposiciones colectivas en las que se olvidaban de las mujeres.
Profesionalmente, ¿la época de la Transición fue la más apasionante?
Sí, te dabas cuenta de que aquel momento social que estabas viviendo era irrepetible y yo formé parte de él retratando un trozo de la historia de un país y de su gente. Culturalmente también fue una época muy enriquecedora. Y también reivindiqué la Transición de las mujeres. La verdad es que cayeron muchas leyes franquistas gracias a que salimos a las calles.
Usted comenzó con cámara con carrete, pasó al digital y ahora, ¿cómo ve la irrupción de la IA?
La inteligencia artificial puede ser un gran avance para los medios de comunicación pero a mí me da muho miedo porque puede ser una herramienta muy peligrosa; te pueden engañar y mostrarte mentiras muy fácilmente. La tecnología digital ya cambió la profesión, se pasó de un proceso artesanal y de reflexión a una cosa muy rápida. Y ahora con la IA, parece que la verdad ya no tiene importancia.