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Rosalía | El arte de hacer música que llegue a todo el mundo sin dejar de ser elegante y creativa

Rosalía, vista per Edgar Becerra Pajares.

Rosalía, vista per Edgar Becerra Pajares.

Josep Grau

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Dicen que la actividad que mueve más dinero es el tráfico de armas, la segunda la venta de drogas y la tercera la música comercial. Sin duda exageran, pero no está claro si mucho o poco. Rosalía es una gran artista que podría hacer una muy buena música en bolos de carretera y manta, pero no tendría un duro. En lugar de eso ha sabido entrar en la música comercial sin dejar de ser creativa y elegante. Usted se hará un favor, amable lector, si en lugar de ver Berghain, el single promocional de Lux, su último trabajo, escucha el álbum entero. Berghain no vale nada. Café con samfaina. Un batiburrillo demagógico y feo. Pero si escucha el álbum entero hallará canciones bellas, bien cantadas y extraordinariamente bien producidas. 

A mí no me gusta como canta Rosalía. Su timbre me irrita, pero eso es problema mío. Lo objetivo es que tiene clase. No utiliza auto-tune porque no necesita corregir la afinación, aunque su voz está muy (y muy bien) editada. Es valiente en la variedad estilística y deja caer aquí y allá su gusto por un flamenco para el que es muy capaz, aunque no tanto como se dice porque está a años luz de Mayte Martín, y ya no digamos de Camarón, y como fusionadora de flamenco y música urbana no aporta gran cosa a lo que hicieron Pata Negra, Ojos de Brujo o Bambino. Pero Rosalía llega a todo el mundo con música de calidad, y eso lo han hecho pocos artistas. Sting, Michael Jackson, Rolling Stones... No muchos más. Rosalía aportó cosas con El mal querer, sobre todo ironía y empoderamiento de la mujer, y tras pagar el peaje del infame reguetón — pase la redundancia— exhibe en Lux una creatividad que no la ha alejado del público, lo que tiene mucho valor. La creatividad musical presenta grandes dificultades. Las de todas las artes y alguna de añadida por su carácter abstracto. La música clásica ha tratado de aportar formas que expliquen un argumento, pero esto es imposible. La música no puede contar una historia porque es asemántica. Es un conjunto de sensaciones en las que las formas clásicas intentan poner orden y aparentar un discurso. 

A principios del siglo XX esta pretensión tocó techo. A partir de este agotamiento, y dejando de lado la broma vanguardista, los grandes creadores, abrumados por tener demasiada música en el alma y no poder dominarla, hallaron dos salidas. Una grande y una pequeña. La grande, de principios de siglo, fue la fusión que se dio en América entre tradición europea, vía colonos, y africana, vía esclavos. De la música celta irlandesa y la africana salió el jazz; de la española y la africana, la cubana; de la portuguesa y la africana, la brasileña; de la napolitana y la africana, el tango. Todo esto representa lo mejor del siglo XX. La pequeña, de finales de siglo, ha sido la especulación tímbrica electrónica, que crea sonidos que nada tienen que ver con los de los instrumentos tradicionales. Esta aportación es menos relevante porque no tiene discurso. No dice nada pero relaja, que es lo que ocurre también con el minimalismo, en cuyo nombre se crean músicas que se quieren herederas de Satie pero parecen de Richard Clayderman. El minimalismo y la electrónica tienen algo que la gente pide. Relajar es un eufemismo de no pensar. De no esforzarse. Estas músicas te acompañan sin pedirte nada a cambio porque repiten continuamente las mismas fórmulas. Beethoven o Chick Corea piden una atención hoy insólita. 

Algo parecido ocurre con la literatura. Por eso triunfan los poetas de Twitter —valga el oxímoron—. Pero no nos equivoquemos. La música está presente hoy como nunca lo ha estado. A Mozart solo lo escuchaban cuatro aristócratas en un mundo clasista. Hoy de la música disfrutamos todos, y Rosalía consigue que a todos llegue una música de calidad. ¿Que pagó el infierno del reguetón? Sí; ¿Que Berghain, el single promocional de Lux, no vale nada? También, pero el álbum tiene muchas bellezas muy bien cantadas. Y además, si no hiciéramos de vez en cuando alguna estupidez, ¿quién nos aplaudiría?

Rosalía, vista per Edgar Becerra Pajares.

Rosalía, vista per Edgar Becerra Pajares.

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