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ENTREVISTA

Joana Pena-Tarradelles: «Si habla en su lengua, el paciente tiene más confianza»

La investigadora leridana de la Pompeu Fabra constata que esta discriminación puede perjudicar diagnósticos

INVESTIGADORA DEL DEPARTAMENT DE TRADUCCIÓ I CIÈNCIES DEL LLENGUATGE DE LA UNIVERSITAT POMPEU FABRA

«Si habla en su lengua, el paciente tiene más confianza»

«Si habla en su lengua, el paciente tiene más confianza»

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Un estudio de la Universidad Pompeu Fabra constata que no garantizar la atención sanitaria en la lengua de los pacientes puede ir en detrimento de la precisión de los diagnósticos y de la calidad asistencial. Esta situación no solo afecta a las personas de origen inmigrante, sino también a autóctonos con una lengua minoritaria o minorizada en diferentes países. La investigación es de la leridana Joana Pena-Tarradelles, que eximará por primera vez el impacto que tiene utilizar el castellano al atender a pacientes catalanohablantes.

¿En qué consiste su estudio?

Se trata de la primera parte de un estudio que estoy llevando a cabo para mi tesis doctoral sobre la discordancia lingüística en la atención sanitaria.

¿Qué incluye esta primera parte?

He llevado a cabo una revisión bibliográfica de varios estudios que se habían hecho en diferentes países del mundo sobre la atención sanitaria con discordancia lingüística, que es que el paciente no sea o no pueda ser atendido en su lengua de preferencia. También he analizado las consecuencias que se han detectado en este ámbito. Sin embargo, lo he hecho de manera diferenciada.

¿De qué manera?

En los estudios se trataba de manera conjunta la población migrante y la autóctona bilingüe, como podría ser el caso de los francófonos en Canadá, los suecófonos en Finlancia o los galeseshablantes en Reino Unido. Es algo que a mi no me parece comparable, por lo que he dividido los estudios de ambos grupos poblacionales.

¿Qué diferencias puede haber?

En las personas migrantes podemos encontrar dificultad de la lengua pero también elementos culturales, añadidos, menos formación académica, entre otros. Al diferenciar los estudios, podemos ver si estas discordancias lingüísticas tienen consecuencias solo en la población migrada o también en la autóctona más o menos bilingüe.

¿Y a qué conclusiones se llega?

En la población de origen migrante los artículos analizados apuntan a que hacen menos comentarios, se sienten menos escuchados, con menos adherencia a los tratamientos, peores diagnósticos, más errores médicos, pruebas innecesarias o más tiempo en el hospital. En cambio, en el grupo linguístico minoritario autóctono, como los francófonos de Canadá, sí se detectan más complicaciones, más tiempo de ingreso, peores diagnósticos o entender peor las instrucciones del personal sanitario. También se detectan más malentendidos en este grupo en Finlandia.

¿Esto significa que aunque estas personas sean bilingües no se garantiza una buena atención sanitaria?

Aunque estas personas sean bilingües, describen mejor el dolor si lo pueden hacer en su lengua. Esto les ayuda a tener menos ansiedad y estrés por el hecho de poder expresarse en su lengua. También les hace sentirse más cómodos dentro de la consulta y tener más conexión de confianza con el personal sanitario. Esto se da incluso en estudios de Gales y el País Vasco.

¿Puede explicar algún caso concreto?

Recuerdo un caso de un estudio de Canadá de una persona que señalaba que “yo soy perfectamente bilingüe, pero no cuando tengo dolor”.

Además, esta discordancia lingüística afecta más a colectivos vulnerables como niños y personas mayores.

Sí, esto se ha visto en algunas investigaciones pioneras como en Gales y País Vasco, en grupos que tienen más dificultades comunicativas y que necesitan o les va mejor poder hacerlo en su lengua.

Y ahora está trabajando en la segunda parte, que estudiará por primera vez si hay esta afectación en Catalunya.

Sí, de momento de no se ha hecho ningún estudio sobre qué consecuencias puede tener o no el hecho de no poder recibir atención sanitaria en catalán para los catalahablantes.

¿Podría avanzar alguna hipótesis?

Todavía es muy pronto, porque falta analizar bien los datos recogidos, pero sí que estamos viendo algunos elementos de los otros estudios que se dan también en Catalunya.

¿Se da por entendido que un catalanohablante también puede ser atendido en castellano?

Sí, puede pasar. Y precisamente lo que pretende este estudio es saber si, como pasa en otros países, la capacidad de expresión en las dos lenguas no es la misma y esto puede tener un impacto en la atención sanitaria que reciben. De hecho, ya hemos encontrado ejemplos de personas que no se sienten tan cómodas hablando en castellano como en catalán.

¿Se podría extrapolar a otros ámbitos como la Justicia o la administración?

Sería muy interesante que se estudiara para ver si el hecho de expresarte en otra lengua que no es la tuya de preferencia puede afectar a tu defensa, por ejemplo.

¿Se necesita más investigación?

Faltan más sociolingüistas y más recursos. Primero, para poder tener una estabilidad laboral y facilitar el acceso a la investigación. Además, hacer investigaciones sobre el uso de la lengua. Si no se investiga de forma constante, no podemos ver cómo evolucionan estos usos para poder adaptar las políticas lingüísticas y actuar de manera concreta y precisa.

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