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FÚTBOL REPORTAJE HISTÓRICO

Un espía nazi en el Lleida

Lecube –con sombrero– sentado en el banquillo del Lleida, junto con Francisco Pirla y el portero Eroles.

Lecube –con sombrero– sentado en el banquillo del Lleida, junto con Francisco Pirla y el portero Eroles.FONS PORTA (IEI)

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En julio de 1951, el Lleida acababa de descender de Primera División y fichó como entrenador a Juan Gómez de Lecube (Ribadeo, 1902 – Barcelona, 1966). Lecube, que hacía su debut en un banquillo profesional, era conocido por haber sido jugador en los años veinte, especialmente en el Atlético de Madrid, con el que llegó a debutar en Primera. Pero cuando aterrizó en Lleida ocultaba una experiencia que no se ha conocido hasta la actualidad. Apenas seis años antes de sentarse en el banquillo azul, Lecube lo hacía en un campo secreto de prisioneros del Reino Unido. Allí estuvo encarcelado durante la Segunda Guerra Mundial por ser espía de la Alemania de Adolf Hitler.

Lecube había sido reclutado por los alemanes en Barcelona, donde residía en 1941. Su misión de espionaje era vigilar los movimientos de tropas en Panamá, pero nunca llegó a cumplirla. Los británicos le capturaron de camino a Suramérica y le llevaron al Reino Unido para interrogarle, pero se encontraron con un carácter indomable: “Ha sido el prisionero más problemático y difícil que hemos tenido a lo largo de la guerra y hemos fracasado por completo a la hora de obtener alguna confesión”, afirmaba el MI5.

Con el fin de la guerra fue deportado a España, retomó su vida y se sacó el título de entrenador. Su etapa en el Lleida, no obstante, fue muy corta ya que fue despedido a media temporada por disputas con la directiva. Aun así, en la Terra Ferma dejó dos legados imborrables e infravalorados. Por un lado, supo ver el talento de jóvenes como Mario Duran –primo del futuro presidente– y Enric Ribelles, a los que hizo debutar con 18 y 17 años y que acabarían triunfando en Primera. Y, por el otro, empezó a aplicar sistemas tácticos inéditos todavía en los 50 pero que años después harían triunfar al Barça de Guardiola o de Cruyff.

De hecho, precisamente Duran cuenta que Lecube “fue de los primeros entrenadores que calculó el fútbol” pero también que “entonces no había estrategas en el deporte y la directiva no le entendía”. La prensa leridana de la época también se dio cuenta de su talento: “Es uno de los más notables entrenadores del fútbol español y el Lleida ha flaqueado en todo lo que no le da él, porque en el sistema táctico conduce el balón por todo el campo hasta llegar con exactitud matemática a la posición de gol”. Fue un avanzado a su época, aunque quizás demasiado: en ninguno de los banquillos por los que pasó tras el del Lleida llegó a triunfar (Sant Andreu, Hospitalet o Condal, filial del Barça). Siempre acabó peleado con los directivos. Nadie pudo domar el carácter del espía nazi al que ni la inteligencia británica pudo doblegar.

Lecube –con sombrero– sentado en el banquillo del Lleida, junto con Francisco Pirla y el portero Eroles.

Lecube –con sombrero– sentado en el banquillo del Lleida, junto con Francisco Pirla y el portero Eroles.FONS PORTA (IEI)

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