FÚTBOL
Òscar Rubio cuelga las botas en una tarde emotiva y lluviosa en el Camp d’Esports
El Lleida homenajeó una carrera de leyenda. Tras 520 partidos de azul, se va “convencido de que saldremos de esta”

Los compañeros mantean tras el partido a Òscar Rubio, que ofreció un breve discurso a la afición que acudió al Camp d’Esports para su despedida. - ÀLEX SAMPER
Eran las 18:42. Tras intentar poner dos centros al área rival, se paró el juego y la tablilla electrónica mostró su número, el 12. No le pilló por sorpresa, después de minutos en los que su corazón azul y el compromiso indiscutible que han marcado su carrera intentaban disimular el cansancio de los 82 minutos disputados en un campo en el que el césped se fue transformando en barro. Pero llegó el momento, el capitán, la leyenda del Lleida, Òscar Rubio, decía adiós.
Era un duelo directo por la salvación, el Lleida CF necesitaba los puntos, pero los mitos están por encima de un resultado, aunque los puntos sean necesarios como el comer. Todos los jugadores del Lleida CF y poco a poco también los del Can Vidalet se reunieron sobre la línea divisoria para hacerle un pasillo de despedida.
Seguramente, si el homenajeado hubiera sido otro, se habría cabreado, porque quería, por encima de todo, que el Lleida ganara en su último partido y el marcador reflejaba el 0-0, pero se tomó su tiempo para digerir la ovación de los 2.153 fieles que acudieron al estadio y le ovacionaron mientras recorría sus últimos metros como futbolista.
El resultado no se movió. Pese a que el Lleida hiciera méritos para ganar y él incluso intentara por dos veces decir adiós con un gol, no pudo cumplir su deseo de que “mi despedida sea con una victoria”.
Pero la historia de Òscar Rubio resume la del Lleida del siglo XXI, e igual que merecía que su penalti en Sevilla de 2016 entrara y subir al fútbol profesional, seguramente una leyenda de su calibre merecía algo mejor que decir adiós, después de 320 partidos como azul y 700 en su carrera, con el club colista en Tercera RFEF, en un día lluvioso, con un Camp d’Esports en condiciones lamentables, con una megafonía improvisada porque no funciona la del estadio y con su equipo jugándose las habichuelas con el Can Vidalet, 22 años después de debutar en Segunda A.
Pero nada de ello restó emotividad a su adiós. Desde la entrada al estadio, con mensajes de agradecimiento hacia él, hasta la salida de los jugadores al campo con dos imágenes suyas en el Gol Nord, una de sus inicios y otra actual, acompañadas del mensaje “Llegenda Eterna” en una pancarta.
Fue ovacionado en el minuto 12 y después de ser cambiado, antes de la traca final al acabar el partido. Sus compañeros, que se vistieron con una camiseta en homenaje a él, le mantearon; el Gol Nord sacó pirotecnia como si de un título se tratara (puede que su carrera signifique más que algún trofeo) y, tras ver un vídeo que repasó toda su trayectoria, recibió obsequios conmemorativos por parte de la directiva y de las peñas.
Rubio, hombre de pocas palabras, solo quiso dar las gracias y, después de vivir una larga lista de momentos amargos, dijo convencido que “sé que seguiréis luchando. Defended a ultranza a estos jugadores. Estoy convencido de que saldremos de esta”.