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DEPORTE

Jugar por amor al arte: unos 4.000 leridanos compiten en deportes de equipo amateur

Casi todos sin cobrar y muchos pagando. El fútbol aporta cerca de la mitad y el baloncesto, una cuarta parte

Los equipos masculino y femenino con que cuenta esta temporada el Club Bàsquet Torrefarrera en la competición federada.

Los equipos masculino y femenino con que cuenta esta temporada el Club Bàsquet Torrefarrera en la competición federada.

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El deporte amateur leridano por equipos vive unos años de crecimiento general, pese al esfuerzo económico y la inversión de tiempo, casi siempre de forma desinteresada, de jugadores y directivos. En los municipios más grandes resisten con buena salud, pero en los menos poblados tratan de adaptarse para seguir manteniendo en pie su actividad.

Lejos de los focos, hay miles de leridanos que, en vez de dedicar sus fines de semana a viajar o hacer planes con sus amigos, invierten su tiempo libre en competir en aquello que más les apasiona. Atrás han quedado los años en los que el deporte amateur, especialmente el fútbol, servía para sacarse un sobresueldo. Ahora, algunos incluso pagan para jugar, pero no supone un obstáculo, porque tanto jugadores como directivos dedican tiempo y esfuerzo al deporte por amor al arte.

En una época en la que el deporte leridano tiene más equipos que nunca en la élite, los deportes de equipo a nivel amateur también están experimentando un crecimiento general y, en toda la demarcación, mueven a alrededor de 4.000 personas que compiten regularmente durante la temporada.

El deporte rey sigue siendo, sin duda, el fútbol, que está temporada cuenta con 90 equipos (80 masculinos y 10 femeninos) en categorías sénior, lo que significa alrededor de 1.800 licencias. Aunque no alcanza las cifras de hace 15 años, cuando los clubes masculinos llegaron a ser 87, el fútbol masculino vuelve a estar en las cifras de hace una década (80 equipos), tras registrar solo 73 en 2020, en pleno auge del covid, y 76 en la campaña anterior, sin restricciones. El otro gran deporte es el baloncesto. Salvo durante la pandemia, su crecimiento es lineal en los últimos años, ya que ha pasado de 56 equipos y 836 licencias en 2016 a las 1.088 actuales, con 74 equipos y una mayor paridad, ya que cuenta con 42 equipos masculinos y 32 femeninos, entre séniors y veteranas.

El crecimiento también es claro en el voleibol, que en 10 años ha pasado de 24 a 60 fichas, con cuatro clubes, mientras que el hockey sobre patines cuenta con 16 equipos y el balonmano, con cuatro. No obstante, otro de los deportes con gran arraigo es el fútbol sala, con 62 equipos leridanos en competición (46 masculinos y 16 femeninos) y que supone una alternativa para mantener el deporte vivo en poblaciones pequeñas, que cada vez tienen más complicado hacer equipos de fútbol. Un claro ejemplo es el de Montoliu de Lleida, una población del Segrià de 491 habitantes. En 2018 perdió su equipo de fútbol y para esta temporada “un grupo de amigos quisimos reactivarlo, pero vimos que necesitas mucha infraestructura, recursos y gente, por lo que activamos esta opción”, explica el presidente del club, Lluís Roigé. A menos de 10 kilómetros, también en el Segrià, se encuentra Sunyer, un municipio de 310 vecinos que revivió el fútbol después de 18 años de inactividad. Ivan Borrell, su presidente, señala que “un grupo de jóvenes tuvimos la ilusión de recuperar el fútbol y lo pudimos hacer gracias a que en los pueblos del alrededor ahora no hay equipos. Es la única forma posible”. Ambos coinciden en que la recuperación del deporte también supone “una forma de unir más al municipio y de tener una actividad bonita”.

El gran reto ha sido mantener el deporte amateur en los territorios más despoblados, ya que el fútbol cada vez está más concentrado en las localidades con más habitantes y cuesta más que siga en los municipios más pequeños. En la Alta Ribargorça ha desaparecido desde que el Pont Ribagorça abandonó la competición en 2009. Mientras, en la Val d’Aran solo resiste el Bossòst, que juega en Francia, pero no cuenta con ninguno a nivel catalán desde la disolución del Les en 2020. 

Pero hay algunos que siguen decididos a resistir. El mejor ejemplo es el de Vilanova de l’Aguda, el municipio más pequeño con deporte federado, con 194 habitantes, y su equipo en Tercera Catalana, el penúltimo escalafón. Y es que hay equipos a los que la categoría les importa poco, como el Ribera d’Ondara. En un municipio de 436 habitantes, encadena 15 años en la categoría más baja (Cuarta Catalana), pero mantiene su fútbol vivo. Además del reto de formar equipos, también está el de mantener a flote los clubes. En todas las disciplinas, con excepciones contadas, los desplazamientos se hacen con coches particulares –algunas entidades pueden permitirse ayudas para los desplazamientos– y los jugadores no cobran –incluso pagan cuotas–, porque los presupuestos se cubren gracias a los patrocinadores y con pocas ayudas públicas, especialmente en el fútbol. “Cuesta horrores tener ingresos. Es inviable poder compensar a los jugadores, porque sufrimos mucho para cuadrar las cuentas”, indican dirigentes contactados por SEGRE, que también destacan los esfuerzos de los deportistas para ir a entrenamientos y partidos. 

En algunos casos, especialmente en los equipos del Pirineo, hay jugadores que estudian en Barcelona, con la dificultad añadida de desplazamientos que conlleva. Los presupuestos de cada uno varían mucho en función de la categoría, pero también según el deporte. En las categorías territoriales, de nuevo el fútbol cuenta con los mayores. Los más altos (en Segunda Catalana) rondan los 60.000 euros, mientras que en Cuarta algunos sobreviven con 9.000. En el resto de deportes, la horquilla va de los 6.000 en las categorías más amateurs hasta los 35.000 en los más altos.

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