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El consumo de carburantes fósiles crece en Lleida el 7,7% pese a las políticas “verdes”

La gasolina es el que más crece en 2024, por encima del once por ciento, pero el gasóleo es usado cuatro veces más por los vehículos pesados. La electrificación del parque móvil, asignatura pendiente

Un conductor llena el depósito de su vehículo en una estación de servicio. - RICARDO RUBIO / EUROPA PRESS

Un conductor llena el depósito de su vehículo en una estación de servicio. - RICARDO RUBIO / EUROPA PRESS

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Las políticas de apuesta por la descarbonización de la economía y los apoyos al vehículo eléctrico deberían traducirse, al menos teóricamente, en un retroceso en la utilización de los combustibles fósiles en el transporte. Pero la realidad en Lleida es bien diferente. El año pasado el consumo de gasolinas y gasóleo de automoción alcanzó las 370.065 toneladas, una cifra que representa un incremento del 7,68%. Así se desprende de los datos oficiales de la Corporación De Reservas Estrategicas De Productos Petrolíferos (CORES), tutelada por el ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

El tipo de carburante que creció más porcentualmente fue la gasolina. Entre la de 95 octanos y la de 98, se alcanzaron las 68.131 toneladas, un 11,38% más que en el ejercicio anterior. El grueso de este consumo, con 64.784 toneladas, corresponde al carburante de 95 octanos. El consumo de la gasolina de 98 roza el 5% del total de las gasolinas.

Con todo, el combustible más vendido en Lleida es el gasóleo A. Por una parte, se debe a que aún están en las carreteras un buen número de turismos diésel, pero sobre todo al peso que tiene el sector del transporte por carretera en las comarcas leridanas, con una flota de camiones muy importante. De hecho, el número de toneladas de gasóleo comercializado (301.933), multiplica más que por cuatro las de gasolina que han salido de las estaciones de servicio de la demarcación. La venta de este tipo de gasóleo creció en 2024 un 6,87% con respecto al ejercicio anterior.

La venta de carburantes se completa con los gasóleos para usos agrarios (B) y los de calefacción (C) que también repuntaron de forma significativa el año pasado. En el caso del carburante utilizado para calentar hogares y edificios públicos y empresariales llegó a las 11.688 toneladas, cuando un año antes se limitó a 10.246 . En este caso, el incremento es de un 14%. En este tipo de consumo hay que tener en cuenta diferentes factores, en el que se incluye las temperaturas que se hayan registrado a lo largo del invierno, que inciden lógicamente en el consumo. Pero, además de las calefacciones y calderas, este tipo de carburante fósil también se utiliza, por ejemplo, para el funcionamiento de hornos, secadores o motores de cogeneración, al tratarse de un combustible industrial.

En el conjunto del Estado, el consumo de productos petrolíferos se situó en 59,58 millones de toneladas en 2024, lo que supone un crecimiento del 4,4% respecto a 2023, según datos de Cores. Esta cifra representa el mayor nivel de consumo registrado en el último lustro y refleja un incremento en todos los grupos de productos, como ocurrió en Lleida.

Los payeses compran un 14 por ciento de carburante

Los agricultores de Lleida adquirieron el año pasado 88.074 toneladas de gasóleo B para poder hacer funcionar su maquinaria. Supone un incremento del 14% con respecto a 2023. El aumento tiene una correlación con las campañas, que han sido muy diferentes. En 2023, el campo de Lleida sufrió los estragos de la sequía y, con ello, en muchas explotaciones se quedaron prácticamente sin producción y con ello cayeron las necesidades, como pudo ocurrir en el caso de los cerealistas. En 2024, la situación ha cambiado, con una tendencia a la normalización en los abastecimientos de agua y, de esta manera, también se incrementó el consumo. El gasóleo B es un combustible de color rojo que se utiliza en maquinaria agrícola, pesquera, embarcaciones y calderas de calefacción y también se conoce como gasóleo agrícola o gasóleo bonificado.

Por último, el año pasado se comercializaron en Lleida 666 toneladas de fuelóleo BIA. Se trata de un combustible industrial que se caracteriza por tener un bajo índice de azufre. Se utiliza en hornos, calderas, secadores y motores de cogeneración.

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