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Antoni Bassas: “Si pones contexto a lo que pasa se entiende mejor, y así las noticias no son bombas aisladas”

Sobre si a a los periodistas los afecta explicar noticias negativas, Bassas explica que "cada vez me cuesta más utilizar el sentido del humor cuando me siento a escribir las columnas de opinión”

Antoni Bassas.

Antoni Bassas.

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Lleida

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Antoni Bassas es un periodista con una dilatada trayectoria profesional, acumulando más de 40 años en el sector entre radio, televisión y prensa escrita. Durante catorce temporadas dirigió y presentó ‘El matí de Catalunya Radio’, ha sido corresponsal de TV3 en Washington del 2009 en el 2013 y es cofundador del diario ‘Ara’. Conocido por su claridad expositiva, ha recibido numerosos reconocimientos, entre los cuales destacan el Premio Nacional de Periodismo, el Premio Nacional de Comunicación, el Premi Josep Pla y dos Premios Ondas. Actualmente canaliza el podcast ‘Agua clara’.

Ante el bombardeo informativo que nos marea cada día, Bassas sentía la necesidad de abrir un espacio de debate que ayudara a entender mejor qué pasa en un mundo que gira demasiado deprisa. Así nació Agua clara, un podcast que impulsa junto con la mirada de Alba Alfageme, psicóloga con más de veinte años de experiencia, y de invitados especiales que desgranan los malestares del mundo de hoy para transformarlos en claridad y perspectiva para el mañana. Sus episodios se pueden encontrar en la web aiguaclarapodcast.com o en su canal de YouTube.

Sentía la necesidad de abrir un espacio de reflexión y debate, cómo lo es el mismo podcast ‘Agua clara’, para hablar de temáticas que, de alguna manera, afectan o están relacionadas con la gestión de nuestras emociones diarias?

Sí, exacto, es así: empecé a sentir la necesidad a medida que los telediarios se convirtieron en teledramas, en los que cada noticia era peor que la anterior: Ucrania, Trump volver a ganar, los aranceles de Trump, Trump quiere comprar Groenlandia, el avance de la ultraderecha, Gaza, se va la luz a toda España, aumenta el gasto de Defensa, vuelve el servicio militar en algunos países europeos, la crisis de la vivienda...

Era imposible que esta lluvia sostenida de noticias alarmantes no afectara a la moral de un ciudadano normal y corriente dispuesto a informarse. Si encima añadimos que pasamos horas y más horas en contacto con las redes sociales, donde triunfa el impacto, la agresividad y la desinformación, claro está que hacía falta reflexionar en voz alta sobre cuáles son nuestros valores, como resistir esta avalancha y como recuperar el control de nuestra vida, en vez de ser una hoja movida por el viento del algoritmo y la desgracia.

— Precisamente, una psicóloga leridana exponía recientemente en una entrevista para este suplemento que, desde el 2020, se ha registrado un 9% más atenciones a niños y jóvenes por temas de salud mental. ¿Más allá de la misma pandemia, cree que en este dato también puede haber jugado un papel determinante la retahíla de noticias y hechos nocivos que nos llegan? 

Estoy convencido. Ya veníamos tocados de la pandemia, que se cobró un gran peaje emocional porque lo puso todo en cuestión y en todo el mundo simultáneamente. Pero es que además respiramos un ambiente polarizado, pesimista, alarmado incluso, que no puede ser bueno para la salud mental. Habíamos estado hablando muchas veces Alba Alfageme y yo, ella como psicóloga que es, yo como periodista, cuando nos encontrábamos en TV3 para comentar la actualidad y nos dijimos que había que hacer alguna cosa, y así surgió el podcast Agua clara.

— En este sentido, una de las temáticas tratadas en los episodios de vuestro podcast es el bombardeo informativo al cual estamos sometidos y los efectos negativos que causa en la población. ¿Considera que eso es culpa directamente de lo que pasa en el mundo o también de la forma en que se nos comunica? 

No, a ver, los periodistas no nos hemos inventado el genocidio en Gaza o el cambio climático. Tenemos que informar de lo que pasa. Pero también es verdad que si le pones contexto a lo que pasa se entiende mejor, y así las noticias no son bombas aisladas que van explotando e hiriendo en cada página del diario. Hay que dar contexto, hay que escoger las palabras, hay que planificar respiros en la narración informativa, hay que poner talento e, incluso, sentido del humor, dar siempre una salida.

Dar valor a la democracia, a los derechos humanos, en el estado del bienestar que tenemos. Aparte que, en el mundo, hay muchos protagonistas noticiables que hacen muy bien su trabajo, que nos hacen disfrutar con su arte o que construye un mundo mejor con su trabajo... No es verdad que las noticias siempre tengan que ser malas noticias.

— De hecho, usted comenta en un momento determinado que, como periodista o comunicador, “los grandes debates del momento los puedes orientar de una manera positiva o incendiarlos”. 

Hay una técnica del trabajo audiovisual que parece que hayamos perdido de vista, que es acompañar al teleespectador o el oyente en su descubrimiento informativo, y también vale para las redes: ¿qué efecto hará todo eso que estoy explicando en la gente? Parece que sólo valga aquel que se sabe los trucos para captar la atención y mantenerla. Pienso que eso, aparte de nocivo, es irrespetuoso con la inteligencia de la gente.

— Afirma que el tono también es relevante en este proceso comunicativo.

El tono es fundamental. No se puede salir a informar como si cada día se estuviera acabando el mundo. Porque el mundo no se ha acabado. O dar minutos en aquello más escandaloso porque da clics o hace crecer la audiencia. Cada noticia tiene su tono, y, en general, uno de contenido es el apropiado porque el receptor ya entiende si la cosa es grave o no y ya pondrá él las exclamaciones.

— Los periodistas, sin embargo, tenemos la peculiaridad que, aparte de recibir los input negativos del mundo, también tenemos que informar. ¿Cree que eso, diariamente o a la larga, nos afecta? 

Sí, Alba te dirá que no para de atender periodistas que quedan tocados de haber estado explicando desgracias cada día, y si te tengo que explicar mi caso personal, cada vez me cuesta más utilizar el sentido del humor o la ironía cuando me siento a escribir mis columnas de opinión. Siempre pienso que no estamos para bromas. Yo mismo me he contagiado de este cielo gris y de este no futuro.

— Otro tema que llama la atención es el debate sobre “el mundo que dejaremos a nuestros hijos”. Es una preocupación que se acentúa con el estallido de conflictos bélicos o la irrupción de presidentes que, por lo menos, podríamos definir de peculiares o de los gobiernos de extrema derecha... 

Cuando hemos decidido los temas de cada capítulo del pòdcast, con Alba hemos aguzado mucho el oído en lo que decimos la gente en una cena de amigos. Y una de las afirmaciones que más se siente últimamente es esta de estar preocupado por el mundo que estamos dejando a las próximas generaciones. Al respecto, dos cosas: ninguna generación ha vivido sin violencias, guerras o miserias.

¿O quizás tengo que recordar todo lo que pasaron nuestros padres, abuelos o bisabuelos, que les tocó vivir, una guerra, una posguerra y una dictadura? Y, en este sentido, vivimos en uno de los mejores mundos de la historia, aunque no nos lo parezca porque estamos angustiados por el presente.

Y segunda: tengamos confianza en nuestros hijos y nietos. No caigamos en el paternalismo de pensar que sin nosotros no saldrán adelante. Cada generación ha tenido que hacer frente a sus retos y, sin ánimo de entrar en comparativas, hay muchas cosas que están hoy mejor que cuando éramos jóvenes. Pienso en el derecho político, los derechos humanos, la conectividad, el acceso a la cultura, a la ciencia, a la sanidad. Démosle el valor que tiene vivir en el mundo desarrollado.

— Es decir, también tenemos que mirar más allá y ver las oportunidades buenas que hay o habrá en el mundo. ¿Cómo cree que lo podemos hacer sin que nos ciegue la parte negativa?

Mira, como he dedicado parte de mi trabajo a los deportes, y más concretamente al fútbol, siempre tengo presente una frase de un entrenador que tuvo al Barça hace 65 años, Helenio Herrera. Fue el primer gran psicólogo en el banquillo, un buen comunicador, polémico... ¿Sabes qué decía a los futbolistas antes de empezar?

“Si cuando sales al campo piensas que el partido será muy difícil, tú solito te lo estás haciendo el doble de difícil. Sale pensando que harás bien lo que sabes hacer”. Ya sabemos que los pesimistas acostumbran a tener razón, porque es mucho más fácil ser pesimista, pero no sirve de nada, sólo para esconderte.

— Define que este tono negativo a la hora de hablar del mundo futuro a los más jóvenes es “una condena por anticipado”. ¿Por qué?

¿Si desde que tienes uso de razón todo lo que te explican del mundo es que va mal y que irá peor, francamente, qué incentivo tienes para seguir estudiando o planificar tu futuro profesional o personal? Si cuando oyes hablar del mundo no quieres saber nada porque calculas que te herirá, te convertirás en un tipo aislado de este, con poco o nulo sentido de colectividad, de solidaridad.

— Con todo, este mundo que dejaremos a nuestros hijos cree que será peor que lo que usted conocía de adolescente?

No tiene por qué ser peor, y en algunas cosas es mucho mejor: la libertad de pensamiento y de comportamientos sociales admitidos y legalmente protegidos de hoy en día es muy superior a la nuestra, y no te digo nada si lo comparamos con la de nuestros padres o abuelos. Y estás en Lleida, haces así y ya estás en Barcelona o en Madrid. Yo viví en una Cataluña muy marcada por la dictadura franquista y en un mundo que vivía el equilibrio de la guerra fría. Como periodista todavía llegué a conocer los países europeos que vivían bajo la influencia soviética. Ahora todos somos ciudadanos de la Unión Europea.

— La rapidez o la inmediatez a la hora de hacer las cosas es, cada vez más, otro factor recurrente en nuestro día a día, especialmente como periodistas. ¿Cree, sin embargo, que es un enemigo de la información?

Les noticias no esperan y hay que correr, pero siempre es mejor ser el segundo a explicarlas y hacerlo bien, que ser el primero y hacerlo mal.

— Finalmente cómo valora el desarrollo del podcast y la participación y las aportaciones de los diferentes invitados que ha tenido hasta ahora?

Estamos muy contentos. El podcast sobre el deseo de creer en alguna cosa trascendente con Francesc Torralba tuvo mucho éxito. Es un lujo oír personas expertas como Raquel Tulleuda, Carme Colomina, Ferran Sáez Mateu o Gemma Nierga. Los diez han sido un diez. Alba y yo hemos aprendido, pensamos en nuevos capítulos y nos anima que ya nos hayan pedido que vayamos a hacer el podcast en directo a los teatros.

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