Vuelve el buen rollo
Ha vuelto El Foraster y como si no se hubiese ido nunca. La misma mecánica (¿para qué cambiar algo que funciona como una máquina perfectamente engrasada?) y el mismo buen rollo de siempre. A Quim Masferrer solo le faltó comenzar con aquel mítico “como decíamos ayer...”. Su primera parada en esta nueva temporada fue en Pinós, la localidad leridana del Solsonès, con un censo de 280 habitantes, y que presume de ser el mismísimo centro de Catalunya aunque sus propios vecinos, todos desperdigados en masías entre Vallmanya y Ardèvol, no se ponen de acuerdo, según se vio en el programa, con dónde está exactamente el centro del centro. Por lo demás, hubo risas, sorpresas y momentos emotivos como el de Glòria, que vive sola en su masía, con una silla siempre preparada, en la entrada, para cualquier visitante que se persone y que acude a diario al cementerio a hablar con su marido fallecido hace ahora un año; o divertidos como el Hostal Mai Tancat, que no tiene habitaciones y cierra los lunes y martes. En definitiva, los de Pinós demostraron ser “molt bona gent”.