¿Los Gaudí? Como siempre
Vamos a tener que dejar de hablar cada año del tema porque nos acabamos repitiendo. Los Gaudí, como los Goya, los Oscar o cualquier otro premio cinematográfico, resultan largos, tediosos, irregulares en el ritmo y, salvo para los premiados, a los que todo les parece bien, aburridos. Tres horas de show son muchas horas y en las que repiten los mismos defectos de la última edición, y de la otra y de la anterior a esta, y con un agravante, que el majestuoso Teatro del Liceu ofreciese problemas de sonido durante la gala parece una broma. Pese a la broma de las pulseritas, los agradecimientos y las presentaciones se hicieron interminables. Y lo peor, también como siempre, fue el “In Memoriam”. ¿Tanto cuesta dejar la cámara fija en la pantalla mientras se pasan los rostros de los fallecidos? Pues se ve que sí. La imagen va y viene buscando el plano general con los músicos, con lo que desde casa pasan desapercibidos buena parte de los homenajeados. Los responsables de la realización debían de estar, en esos momentos, en el foyer tomándose un descanso.