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La presentación del Llamamiento Nacional para la República no puede dejar indiferente a nadie mínimamente atento a la realidad política que vivimos. ¿Y qué quiere ser Llamamiento Nacional? El presidentes a Puigdemont i Torra, conjuntamente con Sànchez, lo presentan como un movimiento independentista, con la voluntad que reúna diferentes sensibilidades ideológicas –porque el independentismo no tiene, de ideología– y con la posibilidad de participar en las convocatorias electorales que el país viva hasta la instauración de la República. Por lo tanto, largo recorrido|recurrido. Político.

Porque a diferencia de Òmnium y de l'ANC, que reúnen, para la independencia, a la sociedad civil, el Llamamiento podría pasar por urnas, cosa que querrá decir que sus responsabilidades serán políticas y que sus responsables se deberán a todos los ciudadanos. ¡Golpe de efecto! Para algunos más que para otros. El presidente Puigdemont no juega a perder. Y este proyecto le permite liderar el independentismo mejor que cualquier otro aspirante. Él es el nombre más conocido y reconocido internacionalmente. El independentismo político ya ha manifestado, desde de ERC a la CUP, que no se suma. Y tiene sentido|oído, porque cada formación juega a ganar espacios de poder. ¿Pero qué decidirá el PdeCAT en su asamblea el fin de semana?

De lo contrario, si en otoño Llamamiento Nacional convoca una convención fundacional para definir la fórmula para contribuir a elecciones, le será difícil no marcar un posicionamiento ideológico, porque|para que el eje social y nacional no pueden disociarse delante de las urnas. Y ni que ahora, todo el mundo, dentro del independentismo, excepto la CUP, defienda la placidez de la centralidad –que quiere decir no comprometerse ideológicamente– por exclusión, al Llamamiento Nacional para la República, la situarían en la banda conservadora. Habrá que ver, pues, cómo se nos presenta la preparación de municipales. Ahora bien, donde sí que tendría recorrido, el proyecto Grita, y el independentismo podría marcar estrategia conjunta –que es el que nos falta!–, y fuerte presencia si se sumaran todos los partidos independentistas, sería a las próximas elecciones generales. Está en Madrid, donde lo tenemos que hacer realmente visible, la unidad del independentismo. Y entonces sí que visualizaríamos quién es, de verdad, el adversario. Parecidamente a Solidaridad Catalana.

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