Indignación ante la falta de inspecciones
Recientemente me he dirigido a la delegación de Turismo y a la de Sanidad para solicitar inspecciones en un establecimiento hotelero. La respuesta recibida ha sido, sencillamente, que no disponen de inspectores. Esta contestación es, como mínimo, desconcertante y profundamente indignante. En un contexto en que la ciudadanía paga cada vez más impuestos, resulta incomprensible que la Administración admita abiertamente que no puede ejercer funciones básicas de control y garantía de la calidad de los servicios. ¿Cómo se pretende valorar la calidad turística que se ofrece al país si no se pueden hacer inspecciones? ¿Cómo se puede garantizar la seguridad, la salubridad y el cumplimiento de la normativa si no hay recursos humanos para verificarlo?
La calidad no se puede proclamar sólo en campañas institucionales, se tiene que comprobar y hacer cumplir. Este tipo de respuestas transmiten una sensación de dejadez y desconexión con la realidad de los ciudadanos y los sectores económicos implicados. No se puede exigir responsabilidad a empresas y usuarios mientras la Administración reconoce su incapacidad para ejercer la suya. Cada día pagamos más para recibir menos servicios, y esta situación no puede normalizarse. Hace falta una reflexión profunda sobre las prioridades de la Administración y, sobre todo, soluciones reales.