Recital de tos en todas las modalidades en la Llotja: "Es triste que tenga que ser una actriz quien riña al público"

Imagen de archivo de la plaza de la Llotja de Lleida, en Pardinyes. - AMADO FORROLLA
A mi mujer le gusta mucho el teatro. Cuando me enteré de que el día 8 de febrero se representaba en Lleida la obra de Josep Maria de Sagarra Corona d'Espines, compré dos entradas.
La obra fue excelente, con una interpretación magistral de todos los actores, un lenguaje muy rico de expresiones y matices, y un ritmo exigente que requería silencio y atención. Y aquí vino el problema.
Sentí vergüenza ajena por el comportamiento de una parte del público. No del público en general, porque la sala estaba llena, sino de unos cuantos espectadores que nos obsequiaron con un auténtico recital de tos en todas sus modalidades imaginables: tos seca, tos de perro, tos ferina, tos prolongada... etcétera.
Y, para acabarlo de arreglar, no faltaron los móviles. El peor invento de la historia cuando entra en una sala de teatro. Pantallas encendidas, sonidos, vibraciones y aquel ruido metálico que parece hecho expresamente para destrozar cualquier escena.
Todavía hay quien entra en un teatro sin entender que el silencio también forma parte de la obra. Al acabar la función, el público aplaudió con entusiasmo —algunos fines y todo de pie— y la actriz Àngels Gonyalons hizo callar la sala para acordarnos de que, por el amor de Dios, los móviles se apagan en el vestíbulo antes de entrar, y todavía más en una obra de Josep Maria de Sagarra.
Es triste que tenga que ser una actriz quien riña al público como si fueran adolescentes. Y todavía es más triste que, en Lleida, una parte de los espectadores no sepa una norma tan básica como esta: al teatro no se va a toser ni a mirar el móvil; se va a escuchar. Y aquí no hay excusas ni culpables externos: eso es mala educación local, pura y dura