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Reflexiones para aprender a decidir

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Decía D. Camilo José Cela que lo malo de los que se creen en posesión de la verdad es que cuando tienen que demostrarlo no aciertan ni una. Así pues, para empezar, no toméis este artículo como algo para creer a pie juntillas, sino como ideas o enseñanzas sacadas de la experiencia, de la curiosidad y de la percepción de detalles a los que a veces no damos importancia.

Es muy fácil predecir a toro pasado, pero no existe una varita mágica ni una bola de cristal que nos permita anticipar un suceso, ni el que escribe este artículo, ni nadie puede saber a ciencia cierta el resultado de un partido de futbol o cuándo y dónde va a ocurrir un atentado, pero sí podemos desarrollar la habilidad de tomar decisiones adecuadas ante situaciones en las que la incertidumbre juega un papel relevante.

La dualidad en la forma de pensar es el argumento central de la Teoría de la Decisión del premio Nobel Daniel Kahneman. Kahneman distingue dos modelos para explicar el funcionamiento de nuestra mente: uno es rápido, instintivo y emocional; el otro es lento, reiterativo y con una base racional. Parece lógico pensar que si existen estas dos formas de pensar es porque ambas son necesarias. Si ambas son necesarias, ¿qué hay que hacer para elegir el camino correcto hacia la decisión acertada? Como dice la sabiduría popular, “cada maestrillo tiene su librillo”. Mi experiencia profesional me ha hecho ver ciertas reglas que funcionan (al menos a mí me han funcionado). Unas tienen que ver con nuestra capacidad de percepción, otras con nuestro modo de actuación, a continuación os comento las primeras (dejo las segundas para otra ocasión).

- Entender el proceso de cambio. Muchas de las reglas del cambio se pueden inducir de la observación, la repetición de sucesos o los procesos cíclicos, lo cual nos permite hacer predicciones sencillas y vitales para nuestra supervivencia: Hará calor en verano y frío en invierno, es buen momento para plantar una nueva cosecha, etc. La percepción del cambio cíclico nos lleva a asumir modelos basados en la estadística que tienen sus limitaciones. El valor de “la predicción” como herramienta para tomar decisiones vitales está en cierto modo sobrevalorado porque las reglas del cambio no siguen siempre una pauta “regular”. Evidentemente no podemos predecir el futuro, pero sí podemos adoptar un modelo que nos haga capaces de enfrentarnos a la evolución ganando en “resiliencia”, es decir capacidad para resistir ante la adversidad y recuperarnos.

- Lo que no cambia o evoluciona acaba desapareciendo. Todo tiende a cambiar y una de las tendencias del cambio es hacer que lo que es grande aumente y lo pequeño se haga cada vez menor… esta regla aparece incluso en la Biblia: “Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá en abundancia; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.” (Mateo 13-12). Es lo que se conoce como “Principio de Mateo”. En todo cambio hay un momento crítico a partir del cual empieza una evolución imparable hasta que aparece otro momento crítico que hace cambiar el rumbo de nuevo: el atentado de Sarajevo, el 11S, etc. una larga lista de sucesos inesperados, “cisnes negros”, considerados como improbables, pero que cuando ocurren cambian el curso de los acontecimientos.

- Apreciar el valor de la observación. Tenemos dos oídos y dos ojos, pero una sola boca. La percepción de lo que nos rodea, awareness en la terminología anglosajona, es clave. La percepción no es algo automático, probablemente tenga algo innato y algo adquirido por nuestra relación con el entorno desde el momento que nacemos. Es necesario tener un contacto directo con lo que nos interesa: movernos, ver, tocar, preguntar, experimentar.

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