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Empresas líquidas y empleados gaseosos

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En este entorno que nos ha tocado vivir, tan poliédrico, enigmático y caótico, la receta para las organizaciones la definió Zygmunt Bauman con el innovador concepto de “empresa líquida” en 2000. Estas surgen como resultado de la transformación física de las estructuras organizativas funcionales sólidas, persistentes y estables propias de la sociedad industrial.

A diferencia de las empresas sólidas, que son rígidas, las empresas líquidas fluyen con el entorno, son adaptativas y se transforman con dichos entornos para sobrevivir. Las organizaciones sólidas se han desdibujado. Las empresas son y deben ser más líquidas, proactivas, ágiles, hiperconectadas e innovadoras de forma constante.

Las organizaciones líquidas consiguen adaptarse a lo que venga sin demasiado esfuerzo, como por ejemplo cambios en el organigrama, en las configuraciones de los equipos, puestos de trabajo... Además, en este tipo de compañías es esencial la cooperación entre diferentes profesionales, equipos y departamentos, y se valora más la contribución a un propósito común compartido por todos.

Me refiero a organizaciones sin tantas barreras, transparentes, con más y mejor comunicación en todas las direcciones. En este ambiente de trabajo, además, es más fácil que tengan cabida el trabajo por proyectos, teletrabajo indefinido o sistemas de horarios flexibles que favorezcan la conciliación de la vida laboral con la personal. Porque no debemos olvidar que, cuando hablamos de trabajo líquido, en realidad estamos hablando de la importancia de la persona, de su talento y del valor que puede aportar al proyecto y la organización.

La organización líquida va más allá del concepto Agile. En su ADN, tenemos características que la definen como flexibilidad ágil, cooperación interna y externa, diversidad de contribución, responsabilidad y equidad.

Estas organizaciones requieren una separación entre personas y puestos, ya que estos últimos cambiaran de forma continua. Es necesario analizar la capacidad de la empresa para desprenderse de los modelos que han superado su fecha de caducidad y desaprender lo aprendido para introducir un nuevo modelo de gestión menos jerárquico y más transversal; menos basado en el control y más apoyado en indicadores como la opinión que tienen los clientes de la empresa. Y los trabajadores deberán ser gaseosos. Un trabajador gaseoso es un empleado digitalizado, un profesional que se focaliza en los objetivos y que huye de la cultura en la que se premia el presencialismo.

Si tuviéramos que elegir uno entre todos los perfiles y competencias, claramente el innovador comúnmente denominado en la actualidad intraemprendedor sería el elegido, ya que el perfil intraemprendedor es un crisol de curiosidad, capacidad de reflexión, flexibilidad, gestión de la incertidumbre, pasión por el aprendizaje, inteligencia emocional, empatía y gestión del conocimiento.

Este ADN me recuerda a la estructura atómica de los gases, con electrones cerca de la superficie en continuo movimiento e interacción.

Estas personas de naturaleza gaseosa son las que podrán transformar la empresa a nuevos estados físicos en su transformación y adaptación en los entornos empresariales. Si quieres una transformación disruptiva, empieza por identificar a este tipo de personas y prepárate para el futuro, porque ya está aquí.

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