Trump y Musk: la alianza del capitalismo extremo
Periodista y escritor
La relación entre Donald Trump y Elon Musk va más allá de una simple afinidad personal. Representa la convergencia de dos visiones del poder: el populismo autoritario y el capitalismo tecnológico sin restricciones. Durante la campaña presidencial del 2024, esta alianza se hizo evidente y se consolidó con el nombramiento de Musk como asesor de Trump para liderar una agencia de eficiencia gubernamental. Sin embargo, lejos de buscar una mejor gestión pública, el verdadero objetivo parece ser desmantelar los restos del Estado, sometiendo la administración a los intereses privados y debilitando aún más las instituciones públicas.
De Reagan a Trump: el desmantelamiento del Estado. Ronald Reagan marcó el inicio de una política conservadora y neoliberal que desreguló el Estado, eliminó controles y debilitó el sistema de bienestar. Su gestión impulsó la supremacía del capitalismo financiero sobre el industrial, favoreciendo la especulación y la acumulación de riqueza en pocas manos. Los presidentes que le sucedieron profundizaron estas políticas, consolidando un sistema donde la desigualdad creció y la responsabilidad del fracaso económico recayó sobre los ciudadanos, bajo la idea de que los pobres lo eran por falta de esfuerzo. Este modelo alcanzó su punto crítico con la crisis del 2008, cuando el colapso de las hipotecas subprime evidenció los peligros de la desregulación financiera. Sin embargo, lejos de corregirse, la tendencia continuó y encontró en el auge de las empresas tecnológicas un nuevo motor.
El auge de las tecnológicas y el capitalismo de la atención. La desregulación permitió la explosión del sector tecnológico en Silicon Valley, impulsado por inversiones sin restricciones y prácticas especulativas. Elon Musk, al frente de Tesla y SpaceX, emergió como una de sus figuras más representativas. Estas empresas, al igual que los gigantes digitales como Google o Facebook, se beneficiaron de un marco legal que no los responsabiliza por sus contenidos ni por sus impactos en la sociedad. Así, el modelo de negocio basado en la captación de la atención, la publicidad y el uso de datos personales se convirtió en la norma, sin controles estatales efectivos.
Mientras tanto, los intentos de regulación en EEUU han sido mínimos, a diferencia de la Unión Europea, que ha tratado de frenar los abusos de las tecnológicas. Esta resistencia a cualquier intervención estatal explica la hostilidad de Musk y otros magnates hacia el poder público y su interés en desmantelar cualquier forma de control gubernamental.
Trump y el desmantelamiento del Estado de derecho. Trump, con su estilo autoritario y su retórica populista, ha capitalizado este escenario. Su discurso mezcla nacionalismo agresivo, fundamentalismo religioso y ultraliberalismo económico, consolidando un modelo que debilita los contrapesos democráticos. Su desprecio por las normas judiciales y su presión sobre el poder legislativo evidencian su intención de concentrar el poder en el Ejecutivo.
El apoyo de la extrema derecha cristiana a Trump es un elemento clave en este proceso. A pesar de su historial de fraudes y abusos, sus seguidores lo ven como un “enviado de Dios” para imponer una agenda ultraconservadora que incluye la prohibición del aborto, la eliminación de impuestos y la enseñanza de la Biblia en las escuelas.
El capitalismo sin máscara. La alianza entre Trump y Musk es el resultado de un proceso histórico donde el capitalismo extremo ha desmantelado las barreras que protegían a la sociedad de sus efectos más destructivos. Bajo la consigna de la eficiencia y la libertad de mercado, han logrado debilitar al Estado y someterlo a sus intereses. Hoy, el sistema ya no esconde su verdadera naturaleza: un modelo donde el dinero es el único valor y donde cualquier medio es válido para acumular riqueza, incluso a costa de la democracia y la justicia social.