Autogestión emocional en el día a día
Reconocer, comprender y regular tus emociones de manera consciente y deliberada, para que estén al servicio de tus objetivos personales y profesionales. Eso es la autogestión emocional. Antes que reprimir lo que sientes, o aparentar calma cuando hierves de tensión, consiste en desarrollar una relación madura con tus emociones, identificarlas, comprenderlas y escoger cómo responder de forma adecuada y de forma coherente con tus valores.
En el día a día profesional, cuando hay proyectos o situaciones que se complican, o recibes críticas, o aparece la frustración, la autogestión emocional te ayuda a identificar qué sientes, cuándo lo sientes y qué lo activa, y después a regular tu respuesta emocional: detenerte, verlo desde fuera y elegir una forma de actuar alineada con tus objetivos, en lugar de reaccionar de manera impulsiva. Sin olvidar un poco de cintura o de flexibilidad psicológica, esencial para adaptar tu forma de pensar y de responder según el contexto, en vez de quedarte en patrones rígidos.
Si las siguientes capacidades las ves en ti o en alguien que conozcas, es que la autogestión emocional está desarrollada: reconoces con relativa rapidez que algo te está afectando, te das unos segundos antes de responder ante situaciones tensas, cuidas el tono y el lenguaje aunque sientas molestia frente a esa situación complicada, mantienes un nivel funcional de equilibrio en el momento difícil, no te molesta pedir ayuda, o pones límites cuando es necesario. Un signo claro de autogestión emocional es que admites tu parte en el conflicto o en problema sin atribuirlo al entorno o a la mala suerte.
Un obstáculo frecuente para nuestro desarrollo de una autogestión emocional es no admitir lo que se siente hasta que aparece de forma explosiva o se manifiesta en el cuerpo con dolor, insomnio o agotamiento. Otro obstáculo es pensar que mostrar que algo te afecta es una debilidad, o creer que un buen profesional nunca se viene abajo. Estas consideraciones erróneas dificultan aceptar y gestionar lo que se siente. Y no digamos cómo influyen los entornos laborales en los que se premia el aguante sin límites o se ridiculizan las muestras de vulnerabilidad o de sinceridad.
Todo esto nos pasa a todos, y cada uno debe aceptar, reconocer y autorregularse en sus carencias. Más allá, en nuestro entorno, necesitamos que la autogestión emocional de la personal o personas líder aporten estabilidad y previsibilidad, porque quien regula sus emociones transmite sin querer que aunque las cosas se compliquen, mantiene la calma y responderá con criterio. También mejorará la calidad de las decisiones que nos afectan, porque la persona líder cogerá distancia frente a emociones intensas tipo miedo, incertidumbre o la urgencia, en lugar de actuar de forma impulsiva o cortoplacista. La autogestión emocional de quien lidera le permitirá llevar a cabo conversaciones difíciles, por ejemplo sobre desempeño, conflictos o cambios, sin esquivarlas y sin descargar tensión sobre el otro.
Daniel Goleman expresó que la autorregulación se manifiesta en la propensión a reflexionar, en aceptar la ambigüedad y el cambio y en la integridad para contener impulsos, sin olvidar que quien se autorregula desecha emociones disruptivas tipo ira o ansiedad en su día a día.