Un campeón disfuncional
El realizador Joshua Safdie rememora aquí la figura de Marty Reisman, jugador de tenis de mesa que, saliendo de los antros neoyorkinos, llegó a convertirse en una estrella de ese deporte, y para la ocasión, ha tenido a bien contar con un actor en la cresta de la ola como Timothée Chalamet, convertido en un tipo fanfarrón y descarado que por donde pasa siembra el caos. Un Marty de irrefrenable nervio dialéctico, carismático y miserable a partes iguales.
Marty Supreme funciona con una trama central, su obsesión por convertirse en el mejor jugador del mundo, y con un buen número de situaciones en torno a los líos en que se mete para conseguirlo. Su personalidad es la de un arrogante mentiroso y embaucador, de una insolencia nada disimulada, poco fiable y con una vanidad sin límite, convencido de su destreza con la paleta en la mano.
Se sabe seductor y utiliza su encanto y su descaro para utilizarlo con una veterana actriz (Gwyneth Paltrow). Coloca a sus amigos en situaciones peligrosas para lograr su propósito, incluso con un mafioso que ama a su perro y se siente burlado, papel a cargo del admirado Abel Ferrara, que me recuerda las buenas películas que ha dirigido –especialmente Teniente corrupto y El rey de Nueva York– y que ahora asume un rol actoral para desquitarse de este aprovechado y de su pobre amiga, una mujer casada que Marty ha dejado embarazada –magnífica Odessa A’zion en su papel.
En ocasiones, Marty engatusa a ineptos que se miden contra él picando el anzuelo, recordando a El buscavidas (1961), de Robert Rossen, en torno a una mesa de billar y con un Paul Newman irresistible, un actor al que la cámara amaba –pienso que bastante más que a Chalamet–, porque Newman derretía con aquella mirada azul y Chalamet, un hombre con cara de niño, carece de aquella poderosa naturaleza.
Marty Supreme tiene un ritmo tenaz. Las escenas se suceden frenéticamente tal cual la vida de ese chico judío que sueña con viajar hasta Japón para medirse con un imbatible rival nipón en un partido de exhibición humillante. Pero como sucede en el cine americano, véase beisbol, fútbol americano, básquet –solo en boxeo hay más ídolos caídos que vencedores–, se protege a sus criaturas.
Marty Supreme
La película se ha hecho con nueve nominaciones, una para Chalamet por interpretar a tan disfuncional personaje. Lo cierto es que por muy entretenido y endemoniado ritmo y las múltiples situaciones que atesora, Marty Supreme, con las más de dos horas y media de metraje, se hace eterna, siguiendo una tendencia que en muchos casos podrían decir lo mismo con bastante menos.